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New Testament
Read Mateo online in Spanish Reina Valera 1858 NT. This book contains 28 chapters and 1071 verses.
1 LIBRO de la generacion de Jesu-Cristo, hijo de David, hijo de Abraham.
2 Abraham engendró á Isaac: é Isaac engendró á Jacob: y Jacob engendró á Júdas y á sus hermanos:
3 Y Júdas engendró de Thamar á Pháres y á Zara: y Pháres engendró á Esrom: y Esrom engendró á Aram:
4 Y Aram engendró á Aminadab: y Aminadab engendró á Naason: y Naason engendró á Salmon:
5 Y Salmon engendró de Rahab á Bóoz: y Bóoz engendró de Ruth á Obed: y Obed engendró á Jessé:
6 Y Jessé engendró al rey David: y el rey David engendró á Salomon de la [que fué mujer] de Urías:
7 Y Salomon engendró á Roboam: y Roboam engendró á Abia: y Abia engendró á Asá:
8 Y Asá engendró á Josaphat: y Josaphat engendró á Joram: y Joram engendró á Ozías:
9 Y Ozías engendró á Joatam: y Joatam engendró á Achaz: y Achaz engendró á Ezechias:
10 Y Ezechias engendró á Manasés: y Manasés engendró á Amon: y Amon engendró á Josías:
11 Y Josías engendró á Jeconías y á sus hermanos, en la trasmigracion de Babilonia:
12 Y despues de la trasmigracion de Babilonia, Jeconías engendró á Salatiel: y Salatiel engendró á Zorobabel:
13 Y Zorobabel engendró á Abiud: y Abiud engendró á Eliaquim: y Eliaquim engendró á Azor:
14 Y Azor engendró á Sadoc: y Sadoc engendró á Aquim: y Aquim engendró á Eliud:
15 Y Eliud engendró á Eleázar: y Eleázar engendró á Matan: y Matan engendró á Jacob:
16 Y Jacob engendró á José, marido de María, de la cual nació Jesus, el cual es llamado el Cristo.
17 De manera que todas las generaciones desde Abraham hasta David, [son] catorce generaciones: y desde David hasta la trasmigracion de Babilonia, catorce generaciones: y desde la trasmigracion de Babilonia hasta Cristo, catorce generaciones.
18 Y el nacimiento de Jesu-Cristo fué así: que siendo María su madre desposada con José, ántes que se juntasen, se halló haber concebido del Espíritu Santo.
19 Y José su marido, como era justo y no quisiese infamarla, quiso dejarla secretamente.
20 Y pensando él en esto, hé aquí el ángel del Señor le aparece en sueños, diciendo: José, hijo de David, no temas de recibir á María tu mujer: porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es.
21 Y parirá Hijo, y llamarás su nombre JESUS, porque él salvará su pueblo de sus pecados.
22 Todo esto aconteció para que se cumpliese lo que fué dicho por el Señor por el profeta, que dijo:
23 Hé aquí la vírgen concebirá, y parirá hijo, y llamarás su nombre Emmanuel, que declarado es: Con nosotros Dios.
24 Y despertando José del sueño, hizo como el ángel del Señor le habia mandado, y recibió á su mujer.
25 Y no la conoció hasta que parió á su Hijo primogénito: y llamó su nombre JESUS.
1 Y COMO fué nacido Jesus en Bethlehem de Judéa en dias del rey Heródes, hé aquí unos magos vinieron del Oriente á Jerusalem,
2 Diciendo: ¿Dónde está el Rey de los Judíos, que ha nacido? porque su estrella hemos visto en el Oriente, y venimos á adorarle.
3 Y oyendo [esto] el rey Heródes, se turbó, y toda Jerusalem con él.
4 Y convocados todos los príncipes de los sacerdotes, y los escribas del pueblo, les preguntó donde habia de nacer el Cristo.
5 Y ellos le dijeron: En Bethlehem de Judéa; porque así está escrito por el profeta:
6 Y tu Bethlehem, [de] tierra de Judá, no eres muy pequeña entre los príncipes de Judá; porque de tí saldrá un Guiador, que apacentará á mi pueblo Israel.
7 Entónces Heródes, llamando en secreto á los magos, entendió de ellos diligentemente el tiempo del aparecimiento de la estrella;
8 Y enviándoles á Bethlehem, dijo: Andad allá, y preguntad con diligencia por el Niño; y despues que lo hallareis, hacédmelo saber, para que yo tambien vaya y le adore.
9 Y ellos, habiendo oido al rey, se fueron: y hé aquí la estrella que habian visto en el Oriente, iba delante de ellos, hasta que llegando, se puso sobre donde estaba el Niño.
10 Y vista la estrella, se regocijaron con muy grande gozo.
11 Y entrando en la casa, vieron el Niño con su madre María, y postrándose lo adoraron: y abriendo sus tesoros, le ofrecieron dones, oro, é incienso, y mirra.
12 Y siendo avisados por revelacion en sueños, que no volviesen á Heródes, se volvieron á su tierra por otro camino.
13 Y partidos ellos, hé aquí el ángel del Señor aparece en sueños á José diciendo: Levántate, y toma al Niño y á su madre, y huye á Egipto, y estate allá hasta que yo te [lo] diga: porque ha de acontecer, que Heró des buscara al Niño para matarlo.
14 Y él despertando, tomó al Niño y á su madre de noche, y se fué á Egipto:
15 Y estuvo allá hasta la muerte de Heródes; para que se cumpliese lo que fué dicho por el Señor por el profeta, que dijo: De Egipto llamé á mi Hijo.
16 Heródes entónces, como se vió burlado de los magos, se enojó mucho: y envió, y mató todos los niños que habia en Bethlehem, y en todos sus términos, de edad de dos añ os abajo, conforme al tiempo que habla entendido de los magos.
17 Entónces fué cumplido lo que se habia dicho por el profeta Jeremías, que dijo:
18 Voz fué oida en Ramá, grande lamentacion, lloro, y gemido; Rachel que llora sus hijos; y no quiso ser consolada, porque perecieron.
19 Mas muerto Heródes, hé aquí el ángel del Señor aparece en sueños á José en Egipto,
20 Diciendo: Levántate, y toma al Niño, y á su madre, y vete á tierra de Israel; que muertos son los que procuraban la muerte del Niño.
21 Entónces él se levantó y tomó al Niño, y á su madre, y se vino á tierra de Israel.
22 Y oyendo que Arqueláo reinaba en Judéa en lugar de Heródes su padre, temió ir allá; mas amonestado por revelacion en sueños, se fué á las partes de Galiléa.
23 Y vino, y habitó en la ciudad que se llama Nazaret: para que se cumpliese lo que fué dicho por los profetas, que habia de ser llamado Nazareno.
1 EN aquellos dias vino Juan el Bautista predicando en el desierto de Judéa,
2 Y diciendo: Arrepentíos, que el reino de los cielos se ha acercado.
3 Porque este es aquel del cual fué dicho por el profeta Isaías, que dijo: Voz de uno que clama en el desierto: Aparejad el camino del Señor, enderezad sus veredas.
4 Y tenia Juan su vestido de pelos de camellos, y una cinta de cuero alrededor de sus lomos, y su comida era langostas, y miel silvestre.
5 Entónces salia á el Jerusalem y toda Judéa, y toda la provincia de alrededor del Jordan;
6 Y eran bautizados de él en el Jordan, confesando sus pecados.
7 Y viendo él muchos de los Fariséos y de los Saducéos, que venian á su bautismo, decíales: Generacion de víboras, ¿quién os ha enseñado á huir de la ira que vendrá?
8 Haced pues frutos dignos de arrepentimiento;
9 Y no penseis decir dentro de vosotros: A Abraham tenemos por padre: porque yo os digo, que puede Dios despertar hijos á Abraham aun de estas piedras.
10 Ahora, ya tambien la segur está puesta á la raiz de los árboles; y todo árbol que no hace buen fruto, es cortado y echado en el fuego.
11 Yo á la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento: mas el que viene tras mí, mas poderoso es que yo; los zapatos del cual yo no soy digno de llevar: él os bautizará en Espíritu Santo, y [en] fuego.
12 Su aventador en su mano [está,] y aventará su era; y allegará su trigo en el alfolí, y quemará la paja en fuego que nunca se apagará.
13 Entónces Jesus vino de Galiléa á Juan al Jordan, para ser bautizado de él.
14 Mas Juan lo resistia mucho, diciendo: Yo he menester ser bautizado de tí, ¿y tu vienes á mí?
15 Empero respondiendo Jesus le dijo: Deja ahora: porque así nos conviene cumplir toda justicia. Entónces le dejó.
16 Y Jesus despues que fué bautizado, subió luego del agua: y hé aquí los cielos le fueron abiertos, y vió al Espíritu de Dios que descendia, como paloma, y venia sobre el,
17 Y hé aquí una voz de los cielos que decia: Este es mi Hijo amado, en el cual tengo contentamiento.
1 Entónces Jesus fué llevado del Espíritu al desierto, para ser tentado del diablo.
2 Y habiendo ayunado cuarenta dias y cuarenta noches, despues tuvo hambre.
3 Y llegándose á él el tentador, dijo: Si eres Hijo de Dios, dí que estas piedras se hagan pan.
4 Mas él respondiendo, dijo: Escrito está: No con solo el pan vivirá el hombre; mas con toda palabra que sale de la boca de Dios.
5 Entónces el diablo le pasa á la santa ciudad, y le pone sobre las almenas del templo;
6 Y le dice: Si eres Hijo de Dios échate abajo; que escrito está: A sus ángeles mandará por tí, y te alzarán en las manos, para que nunca tropieces con tu pié en piedra.
7 Jesus le dijo: Escrito está además: No tentarás al Señor tu Dios.
8 Otra vez le pasa el diablo á un monte muy alto, y le muestra todos los reinos del mundo, y su gloria,
9 Y dícele: Todo esto te daré, si postrado me adorares.
10 Entónces Jesus le dice: Vete, Satanás; que escrito esta: Al Señor tu Dios adorarás, y á él solo servirás.
11 El diablo entónces le dejó: y hé aquí los ángeles llegaron, y le servian.
12 Mas oyendo Jesus que Juan era preso, se volvió á Galiléa;
13 Y dejando á Nazaret, vino, y habitó en Capernaum, [ciudad] marítima, en los confines de Zabulon y de Nephtalim:
14 Para que se cumpliese lo que fué dicho por el profeta Isaías, que dijo:
15 La tierra de Zabulon, y la tierra de Nephtalim, camino de la mar, de la otra parte del Jordan, Galiléa de los Gentiles;
16 El pueblo asentado en tinieblas, vió gran luz: y á los sentados en region y sombra de muerte, luz les esclareció.
17 Desde entónces comenzó Jesus á predicar, y á decir: Arrepentíos, que el reino de los cielos se ha acercado.
18 Y andando Jesus junto á la mar de Galiléa, vió á dos hermanos, Simon, que es llamado Pedro, y Andrés su hermano, que echaban la red en la mar; porque eran pescadores:
19 Y díceles: Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres.
20 Ellos entónces, dejando luego las redes, le siguieron.
21 Y pasando de allí, vió otros dos hermanos, Jacobo, hijo de Zebedéo, y Juan su hermano, en el barco con Zebedéo, su padre, que remendaban sus redes, y los llama.
22 Y ellos dejando luego el barco, y á su padre, le siguieron.
23 Y rodeó Jesus á toda Galiléa enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el Evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.
24 Y corria su fama por toda la Siria: y le trajeron todos los que tenian mal, los tomados de diversas enfermedades y tormentos, y los endemoniados, y lunáticos, y paralíticos; y los sanó.
25 Y le siguieron muchas gentes de Galiléa, y de Decápolis, y de Jerusalem, y de Judéa, y de la otra parte del Jordan.
1 Y VIENDO las gentes, subió al monte; y sentándose, se llegaron á él sus discípulos.
2 Y abriendo su boca, les enseñaba, diciendo:
3 Bienaventurados los pobres en espíritu: porque de ellos es el reino de los cielos.
4 Bienaventurados los que lloran: porque ellos recibirán consolacion.
5 Bienaventurados los mansos: porque ellos recibirán la tierra por heredad.
6 Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia: porque ellos serán hartos.
7 Bienaventurados los misericordiosos: porque ellos alcanzarán misericordia.
8 Bienaventurados los de limpio corazon: porque ellos verán á Dios.
9 Bienaventurados los pacificadores: porque ellos serán llamados hijos de Dios,
10 Bienaventurados los que padecen persecucion por causa de la justicia: porque de ellos es el reino de los cielos.
11 Bienaventurados sois, cuando os vituperaren, y [os] persiguieren, y dijeren de vosotros todo mal por mi causa, mintiendo.
12 Gozáos y alegráos; porque vuestra merced [es] grande en los cielos: que así persiguieron á los profetas que [fueron] ántes de vosotros.
13 Vosotros sois la sal de la tierra: y si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? no vale mas para nada, sino que sea echada fuera y hollada de los hombres.
14 Vosotros sois la luz del mundo: una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder.
15 Ni se enciende una lámpara, y se pone debajo de un almud, mas sobre el candelero; y alumbra á todos los que [están] en casa.
16 Así alumbre vuestra luz delante de los hombres; para que vean vuestras obras buenas, y glorifiquen á vuestro Padre que [está] en los cielos.
17 No penseis que he venido para abrogar la ley, ó los profetas: no he venido para abrogar, sino á cumplir.
18 Porque de cierto os digo, [que] hasta que perezca el cielo y la tierra, ni una jota, ni un tilde perecerá de la ley, hasta que todas las cosas sean hechas.
19 De manera que cualquiera que infringiere uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñare á los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos: mas cualquiera que hiciere, y enseñare, este será llamado grande en el reino de los cielos.
20 Porque os digo, que si vuestra justicia no fuere mayor que [la] de los escribas y de los Fariséos, no entraréis en el reino de los cielos.
21 Oisteis que fué dicho á los antiguos: No matarás; mas cualquiera que matare, será culpado del juicio.
22 Mas yo os digo, que cualquiera que se enojare locamente con su hermano, sera culpado del juicio: y cualquiera que dijere á su hermano: Raca, será culpado del concejo: y cualquiera que dijere: Fátuo, sera culpado del infierno del fuego.
23 Por tanto, si trajeres tu Presente al altar, y allí te acordares que tu hermano tiene algo contra tí,
24 Deja allí tu Presente delante del altar, y véte; vuelve primero en amistad con tu hermano, y entónces vén, y ofrece tu Presente.
25 Concíliate con tu adversario presto, entretanto que estás con él en el camino; porque no acontezca que el adversario te entregue al juez, y el juez te entregue al alguacil, y seas echado en prision.
26 De cierto te digo, que no saldrás de allí, hasta que pagues el último cuadrante.
27 Oísteis que fué dicho: No adulterarás:
28 Mas yo os digo, que cualquiera que mira la mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazon.
29 Por tanto si tu ojo derecho te fuere ocasion de caer, sácalo, y échalo de tí: que mejor te es, que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo sea echado al infierno.
30 Y si tu mano derecha te fuere ocasion de caer, córtala, y échala de tí: que mejor te es que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo sea echado al infierno.
31 Tambien fué dicho: Cualquiera que repudiare á su mujer, dele carta de divorcio:
32 Mas yo os digo, que el que repudiare á su mujer, fuera de causa de fornicacion, hace que ella adultere: y él que se casare con la repudiada, comete adulterio.
33 Además habeis oido que fué dicho á los antiguos: No te perjurarás; mas pagarás al Señor tus juramentos:
34 Mas yo os digo: No jureis en ninguna manera; ni por el cielo, porque es el trono de Dios:
35 Ni por la tierra, porque es el estrado de sus piés; ni por Jerusalem, porque es la ciudad del gran Rey.
36 Ni por tu cabeza jurarás; porque no puedes hacer un cabello blanco ó negro.
37 Mas sea vuestro hablar, Sí, sí: No, no: Porque lo [que es] mas de esto, de mal procede.
38 Oisteis que fué dicho á los antiguos: Ojo por ojo, y diente por diente:
39 Mas yo os digo: No resistais al mal: ántes á cualquiera que te hiriere en tu mejilla diestra, vuélvele tambien la otra.
40 Y al que quisiere ponerte á pleito, y tomarte tu ropa, déjale tambien la capa.
41 Y á cualquiera que te cargare por una milla, ve con el dos.
42 Al que te pidiere, dále: y al que quisiere tomar de tí emprestado, no se lo rehuses.
43 Oisteis que fué dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás á tu enemigo:
44 Mas yo os digo: Amad á vuestros enemigos, bendecid á los que os maldicen, haced bien á los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen;
45 Para que seais hijos de vuestro Padre que [está] en los cielos; que hace que su sol salga sobre malos y buenos, y llueve sobre justos é injustos.
46 Porque si amareis á los que os amen, ¿qué recompensa tendréis? ¿no hacen tambien lo mismo los publicanos?
47 Y si abrazareis á vuestros hermanos solamente, ¿qué haceis demás? ¿no hacen tambien así los Gentiles?
48 Sed pues vosotros perfectos, como vuestro Padre que [está] en los cielos es perfecto.
1 MIRAD que no hagais vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos de ellos: de otra manera no tendreis merced de vuestro Padre que [está] en los cielos.
2 Cuando pues haces limosna, no hagas tocar trompeta delante de tí, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las plazas, para ser estimados de los hombres: de cierto os digo, [que ya] tienen su recompensa.
3 Mas cuando tú haces limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha:
4 Para que sea tu limosna en secreto y tu Padre que ve en secreto, él te recompensará en público.
5 Y cuando oras, no seas como los hipócritas: porque ellos aman el orar en las sinagogas, y en los cantones de las calles en pié, para que sean vistos de los hombres: de cierto os digo, [que ya] tienen su pago.
6 Mas tú, cuando oras, éntrate en tu cámara, y cerrada tu puerta, ora á tu Padre que [está] en secreto: y tu Padre que ve en secreto, te recompensará en público.
7 Y orando, no seais prolijos, como los Gentiles; que piensan que por su parlería serán oidos.
8 No os hagais pues semejantes á ellos: porque vuestro Padre sabe de que cosas teneis necesidad, ántes que vosotros le pidais.
9 Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro, que [estás] en los cielos, santificado sea tu nombre:
10 Venga tu reino: sea hecha tu voluntad, como en el cielo, [así] tambien en la tierra.
11 Dános hay nuestro pan cotidiano.
12 Y perdónanos nuestras deudas, como tambien nosotros perdonamos á nuestros deudores.
13 Y no nos metas en tentacion, mas líbranos del mal: porque tuyo es el reino, y la potencia, y la gloria, por todos los siglos. Amen.
14 Porque si perdonareis á los hombres sus ofensas, os perdonará tambien á vosotros vuestro Padre celestial.
15 Mas si no perdonareis á los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.
16 Y cuando ayunais, no seais como los hipócritas, austeros: porque ellos demudan sus rostros para parecer á los hombres que ayunan: de cierto os digo, que [ya] tienen su pago.
17 Mas tú, cuando ayunas, unge tu cabeza, y lava tu rostro;
18 Para no parecer á los hombres que ayunas, sino á tu Padre que [está] en secreto: y tu Padre, que ve en secreto, te recompensará en público.
19 No os hagais tesoros en la tierra donde la polilla y el orin corrompe, y donde ladrones minan y hurtan.
20 Mas hacéos tesoros en el cielo, donde ni polilla ni orin corrompe, y donde ladrones no minan ni hurtan.
21 Porque donde estuviere vuestro tesoro, allí estará vuestro corazon.
22 La lámpara del cuerpo es el ojo: así que si tu ojo fuere sincero, todo tu cuerpo será luminoso.
23 Mas si tu ojo fuere malo, todo tu cuerpo será tenebroso: así que si la lumbre que en tí hay son tinieblas, ¿cuántas [serán] las mismas tinieblas?
24 Ninguno puede servir á dos señores; porque ó aborrecerá al uno, y amará al otro; ó se llegará al uno, y menospreciará al otro: no podeis servir á Dios y á Mammon.
25 Por tanto os digo: No os congojeis por vuestra vida, qué habeis de comer, ó qué habeis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habeis de vestir: ¿no es la vida más que el alimento, y el cuerpo que el vestido?
26 Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni allegan en alfolíes; y vuestro Padre celestial las alimenta: ¿no sois vosotros mucho mejores que ellas?
27 ¿Mas quién de vosotros podrá congojándose añadir á su estatura un codo?
28 Y por el vestido, ¿por qué os congojais? Reparad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan, ni hilan:
29 Mas os digo, que ni aun Salomon con toda su gloria fué vestido así como uno de ellos.
30 Y si la yerba del campo que hoy es, y mañana es echada en el horno, Dios [la] viste así, ¿no [hará] mucho más á vosotros, [hombres] de poca fé?
31 No os congojeis, pues, diciendo: ¿Qué comerémos, ó qué beberémos, ó con qué nos cubriremos?
32 Porque los Gentiles buscan todas estas cosas: que vuestro Padre celestial sabe que de todas estas cosas habeis menester.
33 Mas buscad primeramente el reino de Dios, y su justicia: y todas estas cosas os serán añadidas.
34 Así que, no os congojeis por el dia de mañana; que el dia de mañana traerá su fatiga: basta al dia su afan.
1 NO juzgueis, para que no seais juzgados.
2 Porque con el juicio con que juzgais seréis juzgados; y con la medida con que medís, os volverán á medir.
3 Y ¿por qué miras la mota que [está] n el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que [está] en tu ojo?
4 O ¿cómo dirás á tu hermano: Espera, echaré de tu ojo la mota; y hé aquí la viga en tu ojo?
5 ¡Hipócrita! echa primero la viga de tu ojo: y entónces mirarás en echar la mota del ojo de tu hermano.
6 No deis lo santo á los perros; ni echeis vuestras perlas delante de los puercos: porque no las rehuellen con sus piés, y vuelvan y os despedacen.
7 Pedid, y se os dará; buscad, y hallarás; llamad, y se os abrirá.
8 Porque cualquiera que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama se abrirá.
9 ¿Qué hombre hay de vosotros, á quien si su hijo pidiere pan, le dará una piedra?
10 ¿Y, si [le] pidiere un pez, le dará una serpiente?
11 Pues si vosotros, siendo malos, sabeis dar buenas dádivas á vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre, que [está] en los cielos, dará buenas cosas á los que le piden?
12 Así que, todas las cosas que quisierais que los hombres hiciesen con vosotros, así tambien haced vosotros con ellos: porque esta es la ley, y los profetas.
13 Entrad por la puerta estrecha: porque ancha [es] la puerta, y espacioso el camino;^ que lleva á perdicion; y muchos son los que entran por ella.
14 Porque estrecha [es] la puerta, y angosto el camino, que lleva á la vida; y pocos son los que la hallan.
15 Y guardáos de los falsos profetas que vienen á vosotros con vestidos de ovejas, mas de dentro son lobos rapaces.
16 Por sus frutos los conocereis. ¿Cógense uvas de los espinos, ó higos de los abrojos?
17 Así todo buen árbol lleva buenos frutos; mas el árbol maleado lleva malos frutos.
18 No puede el buen árbol llevar malos frutos; ni el árbol maleado llevar frutos buenos.
19 Todo árbol que no lleva buen fruto, córtase y échase en el fuego.
20 Así que por sus frutos los conocereis.
21 No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos; mas el que hiciere la voluntad de mi Padre que [está] en los cielos.
22 Muchos me dirán en aquel dia: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre lanzamos demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?
23 Y entónces les protestaré: Nunca os conocí; apartáos de mí, obradores de maldad.
24 Cualquiera pues que me oye estas palabras, y las hace, le compararé á un hombre prudente, que edificó su casa sobre la peña:
25 Y descendió lluvia, y vinieron rios, y soplaron vientos, y combatieron aquella casa: y no cayó; porque estaba fundada sobre la peña.
26 Y cualquiera que me oye estas palabras, y no las hace, le compararé á un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena;
27 Y descendió lluvia, y vinieron rios, y soplaron vientos, é hicieron ímpetu en aquella casa; y cayó, y fué grande su ruina.
28 Y fué [que] como Jesus acabó estas palabras, las gentes se admiraban de su doctrina:
29 Porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.
1 Y COMO descendió del monte, le seguian muchas gentes.
2 Y hé aquí un leproso vino, y le adoraba, diciendo: Señor, si quisieres, puedes limpiarme.
3 Y extendiendo Jesus su mano, le tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y luego su lepra fué limpiada.
4 Entónces Jesus le dijo: Mira no [lo] digas á nadie; mas vé, muéstrate al sacerdote, y ofrece el Presente que mandó Moisés, para testimonio á ellos.
5 Y entrando Jesus en Capernaum vino á él un centurion, rogándole,
6 Y diciendo: Señor, mi mozo yace en casa paralítico, gravemente atormentado.
7 Y Jesus le dijo: Yo iré, y le sanaré.
8 Y respondió el centurion, y dijo: Señor, no soy digno que entres debajo de mi techado: mas solamente dí la palabra, y mi mozo sanará.
9 Porque tambien yo soy hombre bajo de potestad, y tengo bajo de mí soldados: y digo á éste: Vé; y va; y al otro: Ven; y viene; y á mi siervo: Haz esto; y [lo] hace.
10 Y oyendo Jesus, se maravilló, y dijo á los que [le] seguian: De cierto os digo, que ni aun en Israel he hallado fé tanta.
11 Y os digo que vendrán muchos del Oriente, y del Occidente, y se asentarán con Abraham, é Isaac, y Jacob, en el reino de los cielos.
12 Mas los hijos del reino serán echados á las tinieblas de afuera: allí será el lloro y el crujir de dientes.
13 Entónces Jesus dijo al centurion: Vé, y como creiste, te sea hecho. Y su mozo fué sano en el mismo momento.
14 Y vino Jesus á casa de Pedro, y vió á su suegra echada en cama, y con fiebre.
15 Y tocó su mano, y la fiebre la dejó: y ella se levantó, y les servia.
16 Y como fué ya tarde, trajeron á él muchos endemoniados; y echó [de ellos] los demonios con la palabra, y sanó todos los enfermos:
17 Para que se cumpliese lo que fué dicho por el profeta Isaías, que dijo: El mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó [nuestras] dolencias.
18 Y viendo Jesus muchas gentes alrededor de sí, mandó pasar á la otra parte [del lago.]
19 Y llegándose un escriba, le dijo: Maestro, te seguiré donde quiera que fueres.
20 Y Jesus le dijo: las zorras tienen cavernas, y las aves del cielo nidos; mas el Hijo del hombre no tiene donde recueste [su] cabeza.
21 Y otro de sus discípulos le dijo: Señor, dáme licencia que vaya primero, y entierre á mi padre.
22 Y Jesus le dijo: Sígueme; deja que los muertos entierren á sus muertos.
23 Y entrando él en el barco, sus discípulos le siguieron.
24 Y hé aquí fué hecho en la mar un gran movimiento, que el barco se cubria de las ondas: mas él dormia.
25 Y llegándose sus discípulos le despertaron, diciendo: Señor, sálvanos, [que] perecemos.
26 Y él les dice: ¿Por qué temeis, [hombres] de poca fé? Entónces, levantándose, reprendió á los vientos y á la mar, y fué grande bonanza.
27 Y los hombres se maravillaron, diciendo: ¿Qué [hombre] es este, que aun los vientos y la mar le obedecen?
28 Y como él hubo llegado en la otra ribera al país de los Guerguesenos, le vinieron al encuentro dos endemoniados que salian de los sepulcros, fieros en gran manera, que nadie podia pasar por aquel camino.
29 Y hé aquí clamaron, diciendo: ¿Qué tenemos contigo, Jesus Hijo de Dios? ¿has venido acá á molestarnos ántes de tiempo?
30 Y estaba léjos de ellos un hato de muchos puercos paciendo.
31 Y los demonios le rogaron, diciendo: Si nos echas, permítenos ir á aquel hato de puercos.
32 Y les dijo: Id. Y ellos salieron, y se fueron á aquel hato de puercos: y hé aquí, todo el hato de los puercos se precipitó de un despeñadero en la mar, y murieron en las aguas.
33 Y los porqueros huyeron, y viniendo á la ciudad contaron todas las cosas, y lo que habia pasado con los endemoniados.
34 Y hé aquí toda la ciudad salió á encontrar á Jesus: y cuando le vieron, le rogaban que saliese de sus términos.
1 ENTÓNCES entrando en el barco, pasó á la otra parte, y vino á su ciudad.
2 Y hé aquí le trajeron un paralítico echado en una cama: y viendo Jesus la fé de ellos, dijo al paralítico: Confia hijo: tus pecados te son perdonados.
3 Y hé aquí algunos de los escribas decian dentro de sí: Este blasfema.
4 Y viendo Jesus sus pensamientos, dijo: ¿Por qué pensais mal en vuestros corazones?
5 Porque, ¿Qué es más fácil, decir: los pecados te son perdonados: O decir: Levántate, y anda?
6 Pues para que sepais que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra de perdonar pecados, (dice entónces al paralítico): Levántate, toma tu cama, y vete á tu casa.
7 Entónces él se levantó, y se fué á su casa.
8 Y las gentes viéndo[lo], se maravillaron, y glorificaron á Dios, que habia dado tal potestad á los hombres.
9 Y pasando Jesus de allí, vió á un hombre, que estaba sentado al banco de los públicos tributos el cual se llamaba Mateo; y dícele: Sígueme. Y se levantó, y le siguió.
10 Y aconteció que estando él sentado á la mesa en casa, hé aquí que muchos publicanos y pecadores, que habian venido, se sentaron juntamente á la mesa con Jesus y sus discípulos.
11 Y viendo [esto] los Fariséos, dijeron á sus discípulos: ¿Por que come vuestro Maestro con los publicanos y pecadores,
12 Y oyéndolo Jesus les dijo: los que están sanos, no tienen necesidad de médico, sino los enfermos.
13 Andad pues, y aprended qué cosa es, Misericordia quiero, y no sacrificio: Porque no he venido á llamar justos, sino pecadores á arrepentimiento.
14 Entónces los discípulos de Juan vienen á él, diciendo: ¿Por qué nosotros y los Fariséos ayunamos muchas veces, y tus discípulos no ayunan?
15 Y Jesus les dijo: ¿Pueden los que son de bodas tener luto entre tanto que el Esposo está con ellos? mas vendrán dias, cuando el Esposo será quitado de ellos, y entónces ayunarán.
16 Y nadie echa remiendo de paño recio en vestido viejo; porque el tal remiendo tira del vestido, y se hace peor la rotura.
17 Ni echan vino nuevo en cueros viejos: de otra manera los cueros se rompen, y el vino se derrama, y se pierden los cueros: mas echan el vino nuevo en cueros nuevos, y lo uno y lo otro se conserva juntamente.
18 Hablando él estas cosas á ellos, hé aquí vino un principal, y le adoraba, diciendo: Mi hija es muerta poco há: mas ven, y pon tu mano sobre ella, y vivirá.
19 Y se levantó Jesus, y le siguió, y sus discípulos.
20 Y hé aquí una mujer enferma de flujo de sangre doce años habia, llegándose por detrás, tocó la franja de su vestido:
21 Porque decia entre sí: Si tocare solamente su vestido, seré salva.
22 Mas Jesus volviéndose, y mirándola, dijo: Confia, hija, tu fé te ha salvado. Y la mujer fué salva desde aquella hora.
23 Y llegado Jesus á casa del principal, viendo los tañedores de flautas, y la gente que hacia bullicio,
24 Díceles: Apartáos, que la muchacha no es muerta, mas duerme. Y se burlaban de él.
25 Y como la gente fué echada fuera, entró, y tomóla de la mano, y se levantó la muchacha.
26 Y salió esta fama por toda aquella tierra.
27 Y pasando Jesus de allí, le siguieron dos ciegos dando voces, y diciendo: Ten misericordia de nosotros, Hijo de David.
28 Y llegado á la casa, vinieron á él los ciegos; y Jesus les dice: ¿Creeis que puedo hacer esto? Ellos dicen: Sí, Señor.
29 Entónces tocó los ojos de ellos, diciendo: Conforme á vuestra fé os sea hecho.
30 Y los ojos de ellos fueron abiertos. Y Jesus les encargó rigurosamente, diciendo: Mirad [que] nadie [lo] sepa.
31 Mas ellos salidos, divulgaron su fama por toda aquella tierra.
32 Y saliendo ellos, hé aquí le trajeron un hombre mudo endemoniado.
33 Y echado fuera el demonio, el mudo hablo: y las gentes se maravillaron diciendo: Nunca ha sido vista cosa semejante en Israel.
34 Mas los Fariséos decian: Por el príncipe de los demonios echa fuera los demonios.
35 Y rodeaba Jesus por todas las ciudades y aldéas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el Evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y todo achaque en el pueblo.
36 Y viendo las gentes, tuvo compasion de ellas; porque estaban derramadas y esparcidas, como ovejas que no tienen pastor.
37 Entónces dice á sus discípulos: A la verdad la mies [es] mucha, mas los obreros pocos.
38 Rogad pues al Señor de la mies, que envie obreros para su mies.
1 Entónces llamando sus doce discípulos, les dió potestad contra los espíritus inmundos, para que los echasen fuera, y sanasen toda enfermedad y toda dolencia.
2 Y los nombres de los doce apóstoles son estos: el primero, Simon, que es dicho Pedro, y Andrés su hermano; Jacobo [hijo] de Zebedéo, y Juan su hermano:
3 Felipe, y Bartolomé; Tomás, y Mateo el publicano: Jacobo [hijo] de Alféo, y Lebéo, por sobrenombre Tadéo:
4 Simon el Cananita, y Júdas Iscariote, que tambien le entregó.
5 Estos doce envió Jesús, á los cuales dió mandamiento diciendo: Por el camino de los Gentiles no ireis, y en ciudad de Samaritanos no entreis:
6 Mas id ántes á las ovejas perdidas de la casa de Israel.
7 Y yendo, predicad, diciendo: El reino de los cielos se ha acercado.
8 Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios: de gracia recibísteis, dad de gracia.
9 No apresteis oro, ni plata, ni cobre, en vuestras bolsas;
10 Ni alforja para el camino, ni dos ropas de vestir, ni zapatos, ni bordon; porque el obrero digno es de su alimento.
11 Mas en cualquier ciudad, ó aldéa donde entrareis, investigad quién sea en ella digno, y reposad allí hasta que salgais.
12 Y entrando en la casa, saludadla.
13 Y si la casa fuere digna, vuestra paz vendrá sobre ella: mas si no fuere digna, vuestra paz se volverá á vosotros.
14 Y cualquiera que no os recibiere, ni oyere vuestras palabras, salid de aquella casa, ó ciudad, y sacudid el polvo de vuestros piés.
15 De cierto os digo, [que el castigo] será mas tolerable á la tierra de los de Sodoma, y de los de Gomorra en el dia del juicio, que á aquella ciudad.
16 Hé aquí, yo os envío como á ovejas en medio de lobos: sed pues prudentes como serpientes, y sencillos como palomas.
17 Y guardáos de los hombres: porque os entregarán en concilios, y en sus sinagogas os azotarán.
18 Y aun á príncipes y á reyes seréis llevados por causa de mí, por testimonio á ellos y á los Gentiles.
19 Mas cuando os entregaren, no os apureis por como ó qué hablaréis: porque en aquella hora os será dado qué habeis de hablar.
20 Porque no sois vosotros los que hablais, sino el Espíritu de vuestro Padre que habla en vosotros.
21 Y el hermano entregará al hermano á la muerte, y el padre al hijo: y los hijos se levantarán contra los padres, y los harán morir.
22 Y seréis aborrecidos de todos por mi nombre: mas el que soportare hasta el fin, éste sera salvo.
23 Mas cuando os persiguieren en esta ciudad, huid á la otra: porque de cierto os digo, [que] no acabaréis de andar todas las ciudades de Israel, que no venga el Hijo del hombre.
24 El discípulo no es más que su Maestro, ni el siervo mas que su Señor.
25 Bástale al discípulo ser como su Maestro, y al siervo como su Señor: si al [mismo] Padre de la familia llamaron Beelzebub, ¿cuánto mas á los de su casa?^
26 Así que no los temais: porque nada hay encubierto, que no haya de ser manifestado; ni oculto, que no haya de saberse.
27 Lo que os digo en tinieblas, decidlo en la luz: y lo que oís al oido, predicadlo desde los terrados.
28 Y no temais á los que matan el cuerpo, mas al alma no pueden matar: temed ántes á aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno.
29 ¿No se venden dos pajarillos por un cuarto? Con todo ni uno de ellos cae á tierra sin vuestro Padre.
30 Pues aun vuestros cabellos están todos contados.
31 Así que no temais: más valeis vosotros que muchos pajarillos.
32 Cualquiera pues que me confesare delante de los hombres, le confesaré yo tambien delante de mi Padre, que [está] en los cielos.
33 Y cualquiera que me negare delante de los hombres, le negaré yo tambien delante de mi Padre, que [está] en los cielos.
34 No penseis que he venido para meter paz en la tierra: no he venido para meter paz, sino espada.
35 Porque he venido para hacer disension del hombre contra su padre, y de la hija contra su madre, y de la nuera contra su suegra.
36 Y los enemigos del hombre, los de su casa.
37 El que ama padre ó madre mas que á mí, no es digno de mí: y el que ama hijo ó hija más que á mí, no es digno de mí.
38 Y el que no toma su cruz, y sigue en pos de mí, no es digno de mí.
39 El que hallare su vida, la perderá: y el que perdiere su vida por causa de mí, la hallará.
40 El que os recibe á vosotros, á mí recibe; y el que á mí recibe, recibe al que me envió.
41 El que recibe profeta en nombre de profeta, merced de profeta recibirá: y el que recibe justo en nombre de justo, merced de justo recibirá.
42 Y cualquiera que diere á uno de estos pequeñitos un vaso de [agua] fria solamente, en nombre de discípulo, de cierto os digo, [que] no perderá su recompensa.
1 Y FUÉ, que acabando Jesus de dar mandamientos á sus doce discípulos, se fué de allí á enseñar y á predicar en las ciudades de ellos.
2 Y oyendo Juan en la prision los hechos de Cristo, le envió dos de sus discípulos,
3 Diciendo: ¿Eres tú aquel que habia de venir, ó esperarémos á otro?
4 Y respondiendo Jesus, les dijo: Id, y haced saber á Juan las cosas que oís y veis.
5 Los ciegos ven, y los cojos andan; los leprosos son limpiados, y los sordos oyen; los muertos son resucitados, y á los pobres es anunciado el Evangelio.
6 Y bienaventurado es el que no fuere escandalizado en mí.
7 E idos ellos, comenzó Jesus á decir de Juan á las gentes: ¿Qué salisteis á ver al desierto? ¿una caña que es meneada del viento?
8 Mas ¿qué salísteis á ver? ¿un hombre cubierto de delicados vestido? Hé aquí, los que traen [vestidos] delicados, en las casas de los reyes están.
9 Mas ¿qué salisteis á ver? ¿un profeta? tambien os digo, y más que profeta.
10 Porque este es de quien está escrito: Hé aquí yo envio mi mensajero delante de tu faz, que aparejará tu camino delante de tí.
11 De cierto os digo, [que] no se levantó entre los que nacen de mujeres otro mayor que Juan el Bautista: mas el que es muy más pequeño en el reino de los cielos, mayor es que él.
12 Desde los dias de Juan el Bautista hasta ahora, al reino de los cielos se hace fuerza, y los valientes le arrebatan.
13 Porque todos los profetas y la ley hasta Juan profetizaron.
14 Y si quereis recibir, él es aquel Elías que habia de venir.
15 El que tiene oidos para oir, oiga.
16 Mas ¿á quién compararé esta generacion? Es semejante á los muchachos que se sientan en las plazas, y dan voces á sus compañeros,
17 Y dicen: Os tañimos flauta, y no bailásteis; os endechamos, y no lamentásteis.
18 Porque vino Juan, que ni comia ni bebia, y dicen: Demonio tiene.
19 Vino el Hijo del hombre, que come y bebe; y dicen: Hé aquí un hombre comilon, y bebedor de vino, amigo de publicanos y de pecadores. Mas la sabiduría es justificada por sus hijos.
20 Entónces comenzó á reconvenir á las ciudades en las cuales habian sido hechas muy muchas de sus maravillas, porque no se habian arrepentido, [diciendo:]
21 ¡Ay de tí, Corazin! ¡Ay de tí, Bethsaida! porque si en Tiro y en Sidon fueran hechas las maravillas que han sido hechas en vosotras, en otro tiempo se hubieran arrepentido en saco y en ceniza.
22 Por tanto os digo, [que] á Tiro y á Sidon será más tolerable [el castigo] en el dia del juicio, que á vosotras.
23 Y tú, Capernaum, que eres levantada hasta el cielo, hasta los infiernos serás abajada: porque si en los de Sodoma fueran hechas las maravillas que han sido hechas en tí, hubieran quedado hasta el dia de hoy.
24 Por tanto os digo, [que] á la tierra de los de Sodoma será más tolerable [el castigo] en el dia del juicio, que á tí.
25 En aquel tiempo, respondiendo Jesus, dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, que hayas escondido estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las hayas revelado á los niños.
26 Así, Padre, pues que así agradó en tus ojos.
27 Todas las cosas me son entregadas de mi Padre: y nadie conoció al Hijo, sino el Padre: ni al Padre conoció alguno, sino el Hijo, y [aquel] á quien el Hijo [lo] quisiere revelar.
28 Venid á mí todos los que estais trabajados, y cargados, que yo os haré descansar.
29 Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí; que soy manso y humilde de corazon; y hallaréis descanso para vuestras almas.
30 Porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.
1 EN aquel tiempo iba Jesus por los sembrados en Sábado; y sus discípulos tenian hambre, y comenzaron á coger espigas, y á comer.
2 Y viéndo[lo] los Fariséos le dijeron: Hé aquí tus discípulos hacen lo que no es lícito hacer en Sábado.
3 Y él les dijo: ¿No habeis leido qué hizo David, teniendo él hambre y los que con él estaban?
4 ¿Cómo entró en la casa de Dios, y comió los panes de la proposicion, que no le era lícito comer, ni á los que estaban con él, sino á solos los sacerdotes?
5 O ¿no habeis leido en la ley, que los Sábados en el templo los sacerdotes profanan el Sábado, y son sin culpa?
6 Pues os digo que [uno] mayor que el templo está aquí.
7 Mas si supieseis que es: Misericordia quiero, y no sacrificio; no condenariais á los inocentes:
8 Porque Señor es del Sábado el Hijo del hombre.
9 Y partiéndose de allí, vino á la sinagoga de ellos.
10 Y hé aquí habia [allí] uno que tenia una mano seca: y le preguntaron, diciendo: ¿Es lícito curar en Sábado? por acusarle.
11 Y él les dijo: ¿Qué hombre habrá de vosotros, que tenga una oveja, y si cayere esta en una fosa en Sábado, no le eche mano, y [la] levante?
12 Pues ¿cuánto mas vale un hombre que una oveja? Así que lícito es en los Sábados hacer bien.
13 Entonces dijo á aquel hombre: Extiende tu mano. Y él [la] extendió, y [le] fué restituida sana como la otra.
14 Y salidos los Fariséos, consultaron contra él para destruirle.
15 Mas sabiéndo[lo] Jesus, se apartó de allí: y le siguieron muchas gentes, y sanaba á todos.
16 Y él les encargaba eficazmente que no le descubriesen:
17 Para que se cumpliese lo que estaba dicho por el profeta Isaías, que dijo:
18 Hé aquí mi Siervo, al cual he escogido; mi Amado, en el cual se agrada mi alma: pondré mi Espíritu sobre él, y á los Gentiles anunciará juicio.
19 No contenderá, ni voceará: ni nadie oirá en las calles su voz.
20 La caña cascada no quebrará, y el pábilo que humea no apagará, hasta que saque á victoria el juicio.
21 Y en su nombre esperarán los Gentiles.
22 Entónces fué traido á él un endemoniado, ciego y mudo: y le sanó, de tal manera que el ciego y mudo hablaba y veia.
23 Y todas las gentes estaban atónitas, y decian: ¿Es este aquel Hijo de David?
24 Mas los Fariséos, oyéndo[lo], decian: Este no echa fuera los demonios, sino por Beelzebub, príncipe de los demonios.
25 Y Jesus, como sabia los pensamientos de ellos, les dijo: Todo reino dividido contra sí mismo es desolado; y toda ciudad, ó casa, dividida contra sí misma, no permanecerá.
26 Y si Satanás echa fuera á Satanás, contra sí mismo está dividido: ¿cómo, pues, permanecerá su reino?
27 Y si yo por Beelzebub echo fuera los demonios, ¿vuestros hijos por quién [los] echan? por tanto ellos serán vuestros jueces.
28 Y si por Espíritu de Dios yo echo fuera los demonios, ciertamente ha llegado á vosotros el reino de Dios.
29 Porque ¿cómo puede alguno entrar en la casa del valiente, y saquear sus alhajas, si primero no prendiere al valiente? y entónces saqueará su casa.
30 El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, derrama.
31 Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado á los hombres; mas la blasfemia contra el Espíritu no será perdonada á los hombres,
32 Y cualquiera que hablare contra el Hijo del hombre, le será perdonado; mas cualquiera que hablare contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo, ni en el venidero.
33 O haced el árbol bueno, y su fruto bueno; ó haced el árbol corrompido, y su fruto dañado: porque por el fruto es conocido el árbol.
34 Generacion de víboras, ¿cómo podeis hablar bien, siendo malos? porque de la abundancia del corazon habla la boca.
35 El hombre bueno del buen tesoro del corazon saca buenas cosas: y el hombre malo del mal tesoro saca malas cosas.
36 Mas yo os digo, que toda palabra ociosa, que hablaren los hombres, de ella darán cuenta en el dia del juicio.
37 Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado.
38 Entónces respondieron algunos de los escribas y de los Fariséos, diciendo: Maestro deseamos ver de tí señal.
39 Y él respondió, y les dijo: La generacion mala y adulterina demanda señal; mas señal no le será dada, sino la señal de Jonás profeta.
40 Porque como estuvo Jonás en el vientre de la ballena tres dias y tres noches, así estará el Hijo del hombre en el corazon de la tierra tres dias y tres noches.
41 Los hombres de Nínive se levantarán en el juicio con esta generacion, y la condenarán: porque ellos se arrepintieron á la predicacion de Jonás; y hé aquí mas que Jonás en este lugar.
42 La reina del Austro se levantará en el juicio con esta generacion, y la condenará: porque vino de los fines de la tierra para oir la sabiduría de Salomon; y hé aquí más que Salomon en este lugar.
43 Cuando el espíritu inmundo ha salido del hombre, anda por lugares secos, buscando reposo, y no [lo] halla.
44 Entónces dice: Me volveré á mi casa, de donde salí: y cuando viene, [la] halla desocupada, barrida, y adornada.
45 Entónces va, y toma consigo otros siete espíritus peores que él, y entrados moran allí; y son peores las cosas últimas del tal hombre que las primeras: así tambien acontecerá á esta generacion mala.
46 Y estando él aun hablando á las gentes, hé aquí su madre y sus hermanos estaban fuera, que le querian hablar.
47 Y le dijo uno: Hé aquí tu madre y tus hermanos están fuera, que te quieren hablar.
48 Y respondiendo él al que le decia [esto,] dijo: ¿Quién es mi madre, y quiénes son mis hermanos?
49 Y extendiendo su mano hácia sus discípulos, dijo: Hé aquí mi madre y mis hermanos.
50 Porque todo aquel que hiciere la voluntad de mi Padre que [está] en los cielos, ese es mi hermano, y hermana, y madre.
1 Y AQUEL dia, saliendo Jesus de casa, se sentó junto á la mar.
2 Y se allegaron á el muchas gentes; y entrándose él en el barco, se sentó, y toda la gente estaba á la ribera.
3 Y les habló muchas cosas por parábolas, diciendo: Hé aquí el que sembraba, salió á sembrar.
4 Y sembrando, parte [de la simiente] cayó junto al camino; y vinieron las aves, y la comieron.
5 Y parte cayó en pedregales, donde no tenia mucha tierra; y nació luego, porque no tenia profundidad de tierra.
6 Mas en saliendo el sol, se quemó; y secóse, porque no tenia raiz.
7 Y parte cayó en espinas; y las espinas crecieron, y la ahogaron.
8 Y parte cayo en buena tierra, y dió fruto, cual á ciento, cual á sesenta, y cual á treinta.
9 Quien tiene oidos para oir, oiga.
10 Entónces, llegándose los discípulos, le dijeron: ¿Por que les hablas por parábolas?
11 Y él respondiendo, les dijo: Porque á vosotros es concedido saber los misterios del reino de los cielos, mas á ellos no es concedido.
12 Porque á cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá mas: pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado.
13 Por eso les hablo por parábolas, porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden.
14 De manera que se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dice: De oido oiréis, y no entenderéis; y viendo veréis, y no miraréis.
15 Porque el corazon de este pueblo esta engrosado, y de los oidos oyen pesadamente, y de sus ojos guiñan: para que no vean de los ojos, y oigan de los oidos, y del corazon entiendan, y se conviertan, y yo los sane.
16 Mas bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oidos, porque oyen.
17 Porque de cierto os digo, que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis, y no [lo] vieron; y oir lo que oís, y no [lo] oyeron.
18 Oid pues vosotros la parábola del que siembra.
19 Oyendo cualquiera la palabra del reino, y no entendiéndo[la,] viene el malo, y arrebata lo que fué sembrado en su corazon: este es el que fué sembrado junto al camino.
20 Y el que fué sembrado en pedregales, este es el que oye la palabra, y luego la recibe con gozo;
21 Mas no tiene raiz en sí, ántes es temporal: que venida la afliccion ó la persecucion por la palabra, luego se ofende.
22 Y el que fué sembrado en espinas este es el que oye la palabra; pero el afan de este siglo, y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y hácese infructuosa.
23 Mas el que fué sembrado en buena tierra, este es el que oye y entiende la palabra, y el que lleva el fruto; y lleva uno á ciento, y otro á sesenta, y otro á treinta.
24 Otra parábola les propuso, diciendo: El reino de los cielos es semejante al hombre que siembra buena simiente en su campo.
25 Mas durmiendo los hombres, vino su enemigo, y sembró zizaña entre el trigo, y se fué.
26 Y como la yerba salió, é hizo fruto, entónces apareció tambien la zizaña.
27 Y llegándose los siervos del padre de la familia, le dijeron: Señor, ¿no sembraste buena simiente en tu campo? ¿de dónde pues tiene zizaña?
28 Y él les dijo: Un hombre enemigo ha hecho esto. Y los siervos le dijeron: ¿Quieres pues que vayamos y la cojamos?
29 Y él dijo: No: porque cogiendo la zizana, no arranqueis tambien con ella el trigo.
30 Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega; y al tiempo de la siega yo diré á los segadores: Coged primero la zizaña, y atadla en manojos para quemarla; mas recoged el trigo en mi alfolí.
31 Otra parábola les propuso, diciendo: El reino de los cielos es semejante al grano de mostaza, que tomándolo alguno lo sembró en su campo:
32 El cual á la verdad es el más pequeño de todas las simientes; mas cuando ha crecido, es el mayor de [todas] las hortalizas, y se hace árbol, que vienen las aves del cielo y hacen nidos en sus ramas.
33 Otra parábola les dijo: El reino de los cielos es semejante á la levadura que tomó una mujer, y escondió en tres medidas de harina, hasta que todo quedó leudo.
34 Todo esto habló Jesus por parábolas á las gentes; y sin parábolas no les hablaba:
35 Para que se cumpliese lo que fué dicho por el profeta, que dijo: Abriré en parábolas mi boca; rebosaré cosas escondidas desde la fundacion del mundo.
36 Entónces, despedidas las gentes, Jesus se vino á casa; y llegándose á él sus discípulos, le dijeron: Decláranos la parábola de la zizaña del campo.
37 Y respondiendo él, les dijo: El que siembra la buena simiente es el Hijo del hombre;
38 Y el campo es el mundo; y la buena simiente son los hijos del reino, y la zizaña son los hijos del malo:
39 Y el enemigo que la sembró, es el diablo; y la siega es el fin del mundo; y los segadores son los ángeles.
40 De manera que como es cogida la zizaña, y quemada al fuego, así será en el fin de este siglo.
41 Enviará el Hijo del hombre sus ángeles, y cogerán de su reino todos los escándalos, y los que hacen iniquidad,
42 Y los echarán en el horno de fuego: allí será el lloro, y el crujir de dientes.
43 Entónces los justos resplandecerán, como el sol, en el reino de su Padre: el que tiene oidos para oir, oiga.
44 Ademas, el reino de los cielos es semejante al tesoro escondido en el campo, el cual hallado, el hombre [lo] encubre, y de gozo de ello va, y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo.
45 Tambien el reino de los cielos es semejante al hombre tratante, que busca buenas perlas;
46 Que hallando una preciosa perla fué, y vendió todo lo que tenia, y la compró.
47 Asimismo el reino de los cielos es semejante á la red, que echada en la mar, coge de todas suertes [de peces:]
48 La cual estando llena, la sacaron á la orilla; y sentados, cogieron lo bueno en vasos, y lo malo echaron fuera.
49 Así será al fin del siglo: saldrán los ángeles, y apartarán á los malos de entre los justos,
50 Y los echarán en el horno del fuego: allí será el lloro, y el crujir de dientes.
51 Y Jesus les dice: ¿Habeis entendido todas estas cosas? Ellos le responden: Sí, Señor.
52 Y él les dijo: Por eso todo escriba docto en el reino de los cielos, es semejante á un padre de familia, que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas viejas.
53 Y aconteció [que] acabando Jesus estas parábolas, pasó de allí.
54 Y venido á su tierra, les enseñaba en la sinagoga de ellos, de tal manera que ellos estaban atónitos, y decian: ¿De dónde tiene este esta sabiduría, y [estas] maravillas?
55 ¿No es este el hijo del carpintero? ¿no se llama su madre María; y sus hermanos, Jacobo, y José, y Simon, y Judas?
56 ¿Y no están todas sus hermanas con nosotros? ¿De dónde pues tiene este todas estas cosas?
57 Y se escandalizaban en él. Mas Jesus les dijo: No hay profeta sin honra, sino en su tierra, y en su casa.
58 Y no hizo allí muchas maravillas, á causa de la incredulidad de ellos.
1 EN aquel tiempo Heródes el tetrarca oyó la fama de Jesus,
2 Y dijo á sus criados: Este es Juan el Bautista: él ha resucitado de los muertos, y por eso virtudes obran en él.
3 Porque Heródes habia prendido á Juan, y le habia aprisionado, y puesto en la cárcel, por causa de Herodías, mujer de Felipe su hermano.
4 porque Juan le decia: No te es lícito tenerla.
5 Y queria matarle, mas temia al pueblo; porque le tenian como á profeta.
6 Mas celebrándose el dia del nacimiento de Heródes, la hija de Herodías danzó en medio y agradó á Heródes.
7 Y prometió él con juramento de darle todo lo que pidiese.
8 Y ella, instruida primero de su madre, dijo: Dáme aquí en un plato la cabeza de Juan el Bautista.
9 Entónces el rey se entristeció: mas por el juramento, y por los que estaban juntamente á la mesa, mandó que se [le] diese.
10 Y enviando degolló á Juan en la cárcel.
11 Y fué traida su cabeza en un plato, y dada á la muchacha; y ella [la] presentó á su madre.
12 Entónces llegaron sus discípulos, y tomaron el cuerpo, y lo enterraron; y fueron, y dieron las nuevas á Jesus.
13 Y oyéndo[lo] Jesus, se apartó de allí en un barco á un lugar desierto apartado: y cuando las gentes [lo] oyeron, le siguieron á pié de las ciudades.
14 Y saliendo Jesus, vió un gran gentío, y tuvo compasion de ellos, y sanó los que de ellos habia enfermos.
15 Y cuando fué la tarde del dia, se llegaron á él sus discípulos, diciendo: El lugar es desierto, y el tiempo es ya pasado: despide las gentes, para que se vayan por las aldéas, y compren para sí de comer.
16 Y Jesus les dijo: No tienen necesidad de irse; dadles vosotros de comer.
17 Y ellos dijeron: No tenemos aquí sino cinco panes y dos peces.
18 Y el les dijo: Traédmelos acá.
19 Y mandando á las gentes recostarse sobre la yerba, y tomando los cinco panes y los dos peces, alzando los ojos al cielo, bendijo; y partió y dió los panes á los discípulos, y los discípulos á las gentes.
20 Y comieron todos, y se hartaron: y alzaron lo que sobró de los pedazos, doce cestas llenas.
21 Y los que comieron fueron como cinco mil hombres, sin las mujeres y los niños.
22 Y luego Jesus hizo á sus discípulos entrar en el barco, é ir delante de él á la otra parte [del lago,] entre tanto que él despedia las gentes.
23 Y despedidas las gentes, subió al monte, apartado, á orar: y como fué la tarde del dia, estaba allí solo.
24 Y ya el barco estaba en medio de la mar, atormentado de las ondas; porque el viento era contrario.
25 Mas á la cuarta vela de la noche Jesus fué á ellos andando sobre la mar.
26 Y los discípulos, viéndole andar sobre la mar, se turbaron, diciendo: [Alguna] fantasma es. Y dieron voces de miedo.
27 Mas luego Jesus les habló, diciendo: Confiad: yo soy; no tengais miedo.
28 Entónces le respondió Pedro, y dijo: Señor, si tu eres, manda que yo vaya á tí sobre las aguas.
29 Y él dijo: Ven. Y descendiendo Pedro del barco, andaba sobre las aguas para ir á Jesus.
30 Mas viendo el viento fuerte, tuvo miedo; y comenzándose á hundir, dió voces, diciendo: Señor, sálvame.
31 Y luego Jesus extendiendo la mano, trabó de él, y le dice: Oh [hombre] de poca fé, ¿por qué dudaste?
32 Y como ellos entraron en el barco, sosegóse el viento.
33 Entónces los que [estaban] en el barco vinieron, y le adoraron, diciendo: Verdaderamente eres Hijo de Dios.
34 Y llegando á la otra parte, vinieron á la tierra de Genezaret.
35 Y como le conocieron los hombres de aquel lugar, enviaron por toda aquella tierra alrededor, y trajeron á él todos los enfermos:
36 Y le rogaban que solamente tocasen el borde de su manto; y todos los que tocaron, quedaron sanos.
1 Entónces llegaron á Jesus ciertos escribas y Fariséos de Jerusalem, diciendo:
2 ¿Por que tus discípulos traspasan la tradicion de los ancianos? porque no se lavan las manos cuando comen pan.
3 Y él respondiendo, les dijo: ¿Por qué tambien vosotros traspasais el mandamiento de Dios por vuestra tradicion?
4 Porque Dios mandó, diciendo: Honra al padre y á la madre: y, El que maldijere al padre ó á la madre, muera de muerte.
5 Mas vosotros decís: Cualquiera que dirá al padre ó á la madre: [Es ya] ofrenda mia [á Dios] todo aquello con que pudiera valerte,
6 No deberá honrar á su padre ó á su madre [con socorro.] Así habeis invalidado el mandamiento de Dios por vuestra tradicion.
7 Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, diciendo:
8 Este pueblo de labios me honra; mas su corazon lejos está de mí.
9 Mas en vano me honran, enseñando doctrinas [y] mandamientos de hombres.
10 Y llamando á sí las gentes, les dijo: Oid, y entended.
11 No lo que entra en la boca contamina al hombre; mas lo que sale de la boca, esto contamina al hombre.
12 Entónces llegándose sus discípulos le dijeron: ¿Sabes que los Fariséos oyendo esta palabra se ofendieron?
13 Mas respondiendo él, dijo: Toda planta que no plantó mi Padre celestial será desarraigada.
14 Dejadlos: son ciegos guias de ciegos; y si el ciego guiare al ciego, ambos caerán en el hoyo.
15 Y respondiendo Pedro, le dijo: Decláranos esta parábola.
16 Y Jesus dijo: ¿Aun tambien vosotros sois sin entendimiento?
17 ¿No entendeis aun, que todo lo que entra en la boca, va al vientre, y es echado en la letrina?
18 Mas lo que sale de la boca del corazon sale, y esto contamina al hombre
19 Porque del corazon salen los malos pensamientos, muertes, adulterios, fornicaciones, hurtos, falsos testimonios, blasfemias.
20 Estas cosas son las que contaminan al hombre: que comer con las manos por lavar no contamina al hombre.
21 Y saliendo Jesus de allí, se fué á las partes de Tiro y de Sidon.
22 Y hé aquí una mujer Chananéa, que habia salido de aquellos términos, clamaba diciéndole: Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí; mi hija es malamente atormentada del demonio.
23 Mas él no le respondió palabra. Entónces llegándose sus discípulos, le rogaron, diciendo: Despáchala, pues da voces tras nosotros.
24 Y él respondiendo, dijo: No soy enviado sino á las ovejas perdidas de la casa de Israel.
25 Entónces ella vino, y le adoró, diciendo: Señor, socórreme.
26 Y respondiendo él, dijo: No es bien tomar el pan de los hijos, y echarlo á los perrillos.
27 Y ella dijo: Sí, Señor: mas los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus señores.
28 Entónces respondiendo Jesus dijo: Oh mujer, grande [es] tu fé: sea hecho contigo como quieres. Y fué sana su hija desde aquella hora.
29 Y partido Jesus de allí, vino junto al mar de Galiléa; y subiendo al monte, se sentó allí.
30 Y llegaron á él muchas gentes, que tenian consigo cojos, ciegos, mudos, mancos, y otros muchos [enfermos;] y los echaron á los piés de Jesus, y los sanó:
31 De manera que se maravillaban las gentes, viendo hablar los mudos, los mancos sanos, andar los cojos, y ver los ciegos: y glorificaron al Dios de Israel.
32 Y Jesus llamando á sus discípulos, dijo: Tengo lastima de la gente, que ya [hace] tres dias [que] perseveran conmigo, y no tienen qué comer: y enviarlos ayunos no quiero; porque no desmayen en el camino.
33 Entónces sus discípulos le dicen: ¿Dónde tenemos nosotros tantos panes en el desierto, que hartemos tan gran compañía?
34 Y Jesus les dice: ¿Cuántos panes teneis? Y ellos dijeron: Siete, y unos pocos pececillos.
35 Y mandó á las gentes que se recostasen sobre la tierra.
36 Y tomando los siete panes y los peces, haciendo gracias, partió, y dió á sus discípulos, y los discípulos á la gente.
37 Y comieron todos, y se hartaron: y alzaron lo que sobró de los pedazos, siete espuertas llenas.
38 Y eran los que habian comido cuatro mil hombres, sin las mujeres y los niños.
39 Entónces despedidas las gentes, subió en el barco, y vino á los términos de Magdalá.
1 Y LLEGÁNDOSE los Fariséos y los Saducéos, para tentar[le,] le pedian que les mostrase señal del cielo.
2 Mas él respondiendo, les dijo: Cuando es la tarde del dia, decís: Sereno; porque el cielo tiene arreboles:
3 Y á la mañana: Hoy tempestad; porque tiene arreboles el cielo triste. Hipócritas, que sabeis hacer diferencia en la faz del cielo; ¿y en las señales de los tiempos no podeis?
4 La generacion mala y adulterina demanda señal, mas señal no le será dada sino la señal de Jonás profeta. Y dejándolos, se fué.
5 Y viniendo sus discípulos de la otra parte [del lago,] se habian olvidado de tomar pan.
6 Y Jesus les dijo: Mirad, y guardáos de la levadura de los Fariséos, y de los Saducéos.
7 Y ellos pensaban dentro de sí, diciendo: [Esto dice] porque no tomamos pan.
8 Y entendiéndo[lo] Jesus, les dijo: ¿Por qué pensais dentro de vosotros, [hombres] de poca fe, que no tomasteis pan?
9 ¿No entendeis aun, ni os acordais de los cinco panes [entre] cinco mil [hombres,] y cuántos cestos alzásteis?
10 ¿Ni de los siete panes [entre] cuatro mil, y cuántas espuertas tomásteis?
11 ¿Cómo [es que] no entendeis que no por el pan os dije, que os guardaseis de la levadura de los Fariséos y de los Saducéos?
12 Entónces entendieron que no les habia dicho que se guardasen de la levadura de pan, sino de la doctrina de los Fariséos y de los Saducéos.
13 Y viniendo Jesus á las partes de Cesaréa de Filipo, preguntó á sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?
14 Y ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; y otros, Elías; y otros, Jeremías, ó alguno de los profetas.
15 El les dice: Y vosotros, ¿quién decís que soy?
16 Y respondiendo Simon Pedro, dijo: Tu eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.
17 Entónces respondiendo Jesus, le dijo: Bienaventurado eres, Simon, hijo de Jonás: porque no te [lo] reveló carne ni sangre; mas mi Padre que [está] en los cielos.
18 Mas yo tambien te digo, que tú eres Pedro; y sobre esta piedra edificaré mi iglesia; y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella.
19 Y á tí daré las llaves del reino de los cielos: y todo lo que ligares en la tierra, será ligado en los cielos: y todo lo que desatares en la tierra, será desatado en los cielos.
20 Entónces mandó á sus discípulos que á nadie dijesen que él era Jesus el Cristo.
21 Desde aquel tiempo comenzó Jesus á declarar á sus discípulos, que le convenia ir á Jerusalem, y padecer mucho de los ancianos, y de los príncipes de los sacerdotes, y de los escribas, y ser muerto, y resucitar al tercero dia.
22 Y Pedro, tomándole aparte, comenzó á reprenderle, diciendo: Señor, ten compasion de tí: en ninguna manera esto te acontezca.
23 Entónces él volviéndose, dijo á Pedro: Quítate de delante de mí, Satanás; me eres escándalo; porque no entiendes lo que [es] de Dios, sino lo que [es] de los hombres.
24 Entónces Jesus dijo á sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese á sí mismo, y tome su cruz, y sígame.
25 Porque cualquiera que quisiere salvar su vida, la perderá; y cualquiera que perdiere su vida por causa de mí, la hallará.
26 Porque ¿de qué aprovecha al hombre, si granjeare todo el mundo, y perdiere su alma? O, ¿qué recompensa dará el hombre por su alma?
27 Porque el Hijo del hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entónces pagará á cada uno conforme á sus obras.
28 De cierto os digo, [que] hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que hayan visto el Hijo del hombre viniendo en su reino.
1 DESPUES de seis dias Jesus toma á Pedro, y á Jacobo, y á Juan su hermano, y los lleva aparte á un monte alto.
2 Y se transfiguró delante de ellos: y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos fueron blancos como la luz.
3 Y hé aquí les aparecieron Moisés y Elías, hablando con él.
4 Y respondiendo Pedro, dijo á Jesus: Señor, bien es que nos quedemos aquí: si quieres, hagamos aquí tres pabellones; para tí uno, y para Moisés otro, y otro para Elías.
5 Y estando aun él hablando, hé aquí una nube de luz [que] los cubrió: y hé aquí una voz de la nube, que dijo: Este es mi Hijo amado, en el cual tomo contentamiento; á el oid.
6 Y oyendo [esto] los discípulos, cayeron sobre sus rostros, y temieron en gran manera.
7 Entónces, Jesus llegando, les tocó, y dijo: Levantáos, y no temais.
8 Y alzando ellos sus ojos, á nadie vieron, sino á solo Jesus.
9 Y como descendieron del monte, les mandó Jesus, diciendo: No digais á nadie la vision, hasta que el Hijo del hombre resucite de los muertos.
10 Entónces sus discípulos le preguntaron, diciendo: ¿Por qué dicen pues los escribas, que es menester que Elías venga primero?
11 Y respondiendo Jesus, les dijo: A la verdad, Elías vendrá primero; y restituirá todas las cosas.
12 Mas os digo, que ya vino Elías, y no le conocieron; ántes hicieron en él todo lo que quisieron: así tambien el Hijo del hombre padecerá de ellos.
13 Los discípulos entónces entendieron, que les habló de Juan Bautista.
14 Y como ellos llegaron al gentío vino á él un hombre hincándosele de rodillas;
15 Y diciendo: Señor, ten misericordia de mi hijo; que es lunático, y padece malamente: porque muchas veces cae en el fuego, y muchas en el agua.
16 Y le he presentado á tus discípulos, y no le han podido sanar.
17 Y respondiendo Jesus, dijo: ¡Oh generacion infiel y torcida! ¿hasta cuando tengo de estar con vosotros? ¿hasta cuándo os tengo de sufrir? traedmele acá.
18 Y Jesus le reprendió, y salió el demonio de él, y el mozo fué sano desde aquella hora.
19 Entónces llegándose los discípulos á Jesus aparte, dijeron: ¿Por qué nosotros no le pudimos echar fuera?
20 Y Jesus les dijo: Por vuestra incredulidad: porque de cierto os digo, que si tuviereis fé, como un grano de mostaza, diréis á este monte: Pásate de aquí allá: y se pasará; y nada os será imposible.
21 Mas este linaje [de demonios] no sale sino por oracion y ayuno.
22 Y estando ellos en Galiléa, Jesus les dijo: El Hijo del hombre será entregado en manos de hombres:
23 Y le matarán, mas al tercer dia resucitará. Y ellos se entristecieron en gran manera.
24 Y como llegaron á Capernaum, vinieron á Pedro los que cobraban las dos dracmas, y dijeron: ¿Vuestro Maestro no paga las dos dracmas?
25 El dice: Sí. Y entrado él en casa Jesus le habló ántes, diciendo: ¿Qué te parece, Simon? Los reyes de la tierra ¿de quién cobran los tributos, ó el censo? ¿de sus hijos, ó de los extraños?
26 Pedro le dice: De los extraños. Jesus le dijo: Luego los hijos son francos.
27 Mas porque no los escandalicemos vé á la mar, y echa el anzuelo, y el primer pez que viniere, tómalo, y abierta su boca hallarás un estatero: tómalo, y dáselo por mí, y por tí.
1 EN aquel tiempo se llegaron los discípulos á Jesus, diciendo: ¿Quién es el mayor en el reino de los cielos?
2 Y llamando Jesus un niño, le puso en medio de ellos,
3 Y dijo: De cierto os digo, que si no os volviereis, y fuereis como niños, no entraréis en el reino de los cielos.
4 Así que cualquiera que se humillare como este niño, este es el mayor en el reino de los cielos.
5 Y cualquiera que recibiere á un tal niño en mi nombre, á mí recibe.
6 Y cualquiera que escandalizare á alguno de estos pequeños, que creen en mí, mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno y que se le anegase en el profundo de la mar.
7 ¡Ay del mundo por los escándalos! porque necesario es que vengan escándalos mas ¡ay de aquel hombre, por el cual viene el escándalo!
8 Por tanto, si tu mano ó tu pié te fuere ocasion de caer, córtalos y écha[los] de tí: mejor te es entrar cojo ó manco en la vida, que teniendo dos manos ó dos piés ser echado en el fuego eterno.
9 Y si tu ojo te fuere ocasion de caer, sácalo y écha[lo] de tí: mejor te es entrar con un solo ojo en la vida, que teniendo dos ojos ser echado en el infierno del fuego.
10 Mirad no tengais en poco á alguno de estos pequeños: porque os digo, que sus ángeles en los cielos ven siempre la faz de mi Padre, que está en los cielos.
11 Porque el Hijo del hombre ha venido para salvar lo que se habia perdido.
12 ¿Qué os parece? Si tuviese algun hombre cien ovejas, y se descarriase una de ellas, ¿no iria por los montes, dejadas las noventa y nueve, á buscar la que se hubiera descarriado?
13 Y si aconteciese hallarla, de cierto os digo, que más se goza de aquella, que de las noventa y nueve que no se descarriaron.
14 Así no es la voluntad de vuestro Padre, que [está] en los cielos, que se pierda uno de estos pequeños.
15 Por tanto si tu hermano pecare contra tí, ve, y redargúyele entre tí y él solo: si te oyere, has ganado á tu hermano.
16 Mas si no [te] oyere, toma aun contigo uno ó dos para que en boca de dos ó de tres testigos consta toda palabra.
17 Y si no oyere á ellos, dí[lo] á la iglesia: y si no oyere á la iglesia, ténle por un étnico, y un publicano.
18 De cierto os digo [que] todo lo que ligareis en la tierra, será ligado en el cielo: y todo lo^ que desatareis en la tierra, sera desatado en el cielo.
19 Otra vez os digo, que si dos de vosotros se convinieren en la tierra, de toda cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre, que [está] en los cielos.
20 Porque donde están dos ó tres congregados en mi nombre, allí estoy en medio de ellos.
21 Entónces Pedro, llegándose á él, dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré á mi hermano que pecare contra mí? ¿hasta siete?
22 Jesus le dice: No te digo hasta siete, mas aun hasta setenta veces siete.
23 Por lo cual el reino de los cielos es semejante á un hombre rey, que quiso hacer cuentas con sus siervos.
24 Y comenzando á hacer cuentas, le fué presentado uno que le debia diez mil talentos.
25 Mas á este no pudiendo pagar, mandó su señor venderle, y á su mujer é hijos, con todo lo que tenia, y que se [le] pagase.
26 Entónces aquel siervo postrado, le adoraba, diciendo: Señor, ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo.
27 El señor, movido á misericordia de aquel siervo, le soltó, y le perdonó la deuda.
28 Y saliendo aquel siervo, halló uno de sus consiervos, que le debia cien denarios; y trabando de él, le ahogaba, diciendo: Págame lo que debes.
29 Entónces su consiervo, postrándose á sus piés, le rogaba, diciendo: Ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo.
30 Mas él no quiso; sino fué, y le echó en la cárcel hasta que pagase la deuda.
31 Y viendo sus consiervos lo que pasaba, se entristecieron mucho; y viniendo declararon á su señor todo lo que habia pasado.
32 Entónces llamándole su señor, le dice: Siervo malvado, toda aquella deuda te perdoné, porque me rogaste.
33 ¿No te convenia tambien á tí tener misericordia de tu consiervo, como tambien yo tuve misericordia de tí?
34 Entónces su señor enojado le entregó á los verdugos, hasta que pagase todo lo que le debia.
35 Así tambien hará con vosotros mi Padre celestial, si no perdonareis de vuestros corazones cada uno á su hermano sus ofensas.
1 Y ACONTECIÓ que acabando Jesus estas palabras, se pasó de Galiléa, y vino á los términos de Judéa, pasado el Jordan.
2 Y le siguieron muchas gentes, y los sanó allí.
3 Entónces se llegaron á él los Fariséos, tentándole, y diciéndole: ¿Es lícito al hombre repudiar á su mujer por cualquiera causa?
4 Y él respondiendo, les dijo: ¿No habeis leido que el que [los] hizo al principio, macho y hembra los hizo,
5 Y dijo: Por tanto el hombre dejará padre y madre, y se unirá á su mujer, y serán dos en una carne?
6 Así que no son ya mas dos sino una carne: por tanto lo que Dios juntó, no [lo] aparte el hombre.
7 Dícenle: ¿Por qué pues Moisés mando dar carta de divorcio, y repudiarla,
8 Díceles: Por la dureza de vuestro corazon Moisés os permitió repudiar á vuestras mujeres; mas al principio no fué así.
9 Y yo os digo, que cualquiera que repudiare á su mujer, si no fuere por causa de fornicacion, y se casare con otra, adultera: y el que se casare con la repudiada, adultera.
10 Dícenle sus discípulos: Si así es la condicion del hombre con [su] mujer, no conviene casarse.
11 Entónces él les dijo: No todos reciben esta palabra, sino [aquellos] á quienes es dado.
12 Porque hay eunucos, que nacieron así del vientre de su madre; y hay eunucos, que son hechos eunucos por los hombres; y hay eunucos, que se hicieron á sí mismos eunucos por causa del reino de los cielos: el que pueda ser capaz de eso, sé alo.
13 Entónces le fueron presentados unos niños, para que pusiese las manos sobre ellos, y orase: y los discípulos les riñeron.
14 Y Jesus dijo: Dejad á los niños, y no les impidais de venir á mí: porque de los tales es el reino de los cielos.
15 Y habiendo puesto sobre ellos las manos, se partió de allí.
16 Y hé aquí uno llegándose le dijo: Maestro bueno, ¿que bien haré, para tener la vida eterna?
17 Y él le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno [es] bueno sino uno, [es á saber,] Dios: y si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos.
18 Dícele: ¿Cuáles? Y Jesus dijo: No matarás: No adulterarás: No hurtarás: No dirás falso testimonio:
19 Honra á tu padre y á [tu] madre: y, Amarás á tu projimo como á tí mismo.
20 Dícele el mancebo: Todo esto guardé desde mi juventud: ¿qué más me falta?
21 Dícele Jesus: Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dá[lo] á los pobres; y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme.
22 Y oyendo el mancebo esta palabra, se fué triste; porque tenia muchas posesiones.
23 Entónces Jesus dijo á sus discípulos: De cierto os digo, que un rico difícilmente entrará en el reino de los cielos.
24 Mas os digo, que más liviano trabajo es pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios.
25 Mas sus discípulos, oyendo [estas cosas,] se espantaron en gran manera, diciendo: ¿Quién pues podrá ser salvo?
26 Y mirándo[los] Jesus, les dijo: Para con los hombres imposible es esto; mas para con Dios, todo es posible.
27 Entónces respondiendo Pedro, le dijo: Hé aquí, nosotros hemos dejado todo, y te hemos seguido: ¿qué pues tendrémos?
28 Y Jesus les dijo: De cierto os digo, que vosotros que me habeis seguido, en la regeneracion, cuando se sentará el Hijo del hombre en el trono de su gloria, vosotros tambien os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar á las doce tribus de Israel.
29 Y cualquiera que dejare casas, ó hermanos, ó hermanas, ó padre, ó madre, ó mujer, ó hijos, ó tierras, por mi nombre, recibirá cien veces tanto, y heredará la vida eterna.
30 Mas muchos primeros serán postreros; y postreros, primeros.
1 PORQUE el reino de los cielos es semejante á un hombre, padre de familia, que salió por la mañana á ajustar obreros para su viña.
2 Y habiéndose concertado con los obreros en un denario al dia, los envió á su viña.
3 Y saliendo cerca de la hora de las tres, vió otros que estaban en la plaza ociosos;
4 Y les dijo: Id tambien vosotros á mi viña, y os daré lo que fuere justo. Y ellos fueron.
5 Salió otra vez cerca de las horas sexta y nona, é hizo lo mismo.
6 Y saliendo cerca de la hora undécima, halló otros que estaban ociosos y díceles: ¿Por qué estais aquí todo el dia ociosos?
7 Dícenle: Porque nadie nos ha ajustado. Díceles: Id tambien vosotros á la viña, y recibiréis lo que fuere justo.
8 Y cuando fué la tarde del dia, el señor de la viña dijo á su mayordomo: Llama los obreros, y págales el jornal, comenzando desde los postreros hasta los primeros.
9 Y viniendo los que [habian ido] cerca de la hora undécima, recibieron cada uno un denario.
10 Y viniendo tambien los primeros, pensaron que habian de recibir más; pero tambien ellos recibieron cada uno un denario.
11 Y tomándo[lo], murmuraban contra el padre de la familia,
12 Diciendo: Estos postreros solo han trabajado una hora, y los has hecho iguales á nosotros, que hemos llevado la carga y el calor del dia.
13 Y él respondiendo dijo á uno de ellos: Amigo, no te hago agravio: ¿no te concertaste conmigo por un denario?
14 Toma lo que es tuyo, y véte: mas quiero dar á este postrero como á tí.
15 ¿No me es lícito á mí hacer lo que quiero con lo mio? ó ¿es malo tu ojo, porque yo soy bueno?
16 Así los primeros serán postreros, y los postreros primeros: porque muchos son llamados, mas pocos escogidos.
17 Y subiendo Jesus á Jerusalem, tornó sus doce discípulos aparte en el camino, y les dijo:
18 Hé aquí subimos á Jerusalem, y el Hijo del hombre será entregado á los príncipes de los sacerdotes, y á los escribas, y le condenarán á muerte;
19 Y le entregarán á los Gentiles, para que [le] escarnezcan, y azoten, y crucifiquen: mas al tercero dia resucitará.
20 Entónces se llegó á él la madre de los hijos de Zebedéo, con sus hijos, adorándo[le], y pidiéndole algo.
21 Y él le dijo: ¿Qué quieres? Ella le dijo: Dí que se sienten estos dos hijos mios, el uno á tu mano derecha, y el otro á tu izquierda, en tu reino.
22 Entónces Jesus respondiendo, dijo: No sabeis lo que pedís: ¿podeis beber el vaso que yo he de beber; y ser bautizados del mismo bautismo de que yo soy bautizado? Ellos le dicen: Podemos.
23 Y él les dice: A la verdad mi vaso bebereis; y del bautismo de que yo soy bautizado, seréis bautizados, mas el sentaros á mi mano derecha, y á mi izquierda, no es mio dar[lo,] sino á aquellos para quienes está aparejado de mi Padre.
24 Y como los diez oyeron [esto,] se enojaron de los dos hermanos.
25 Entónces Jesus llamándolos, dijo: Sabeis que los príncipes de los Gentiles se enseñorean sobre ellos, y los que son grandes ejercen sobre ellos potestad.
26 Mas entre vosotros no será así: sino el que quisiere entre vosotros hacerse grande, será vuestro servidor;
27 Y el que quisiere entre vosotros ser el primero, será vuestro siervo:
28 Como el Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.
29 Entónces saliendo ellos de Jericó, le seguia gran compañía.
30 Y hé aquí dos ciegos sentados junto al camino, como oyeron que Jesus pasaba, clamaron diciendo: Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros.
31 Y la gente les reñia, para que callasen; mas ellos clamaban mas, diciendo: Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros.
32 Y parándose Jesus, los llama, y dijo: ¿Qué quereis que haga por vosotros?
33 Ellos le dicen: Señor, que sean abiertos nuestros ojos.
34 Entónces Jesus, teniendo misericordia [de ellos,] les tocó los ojos, y luego sus ojos recibieron la vista: y le siguieron.
1 Y COMO se acercaron á Jerusalem, y vinieron á Bethfage, al monte de las Olivas, entónces Jesus envió dos discípulos,
2 Diciéndoles: Id á la aldéa que está delante de vosotros, y luego hallaréis una asna atada, y un pollino con ella; desatad[la,] y traédme[los.]
3 Y si alguno os dijere algo, decid: El Señor los ha menester. Y luego los dejará.
4 Y todo esto fué hecho, para que se cumpliese lo que fué dicho por el profeta, que dijo:
5 Decid á la hija de Sion: Hé aquí tu Rey viene á tí manso, y sentado sobre una asna, y [sobre] un pollino hijo de animal de yugo.
6 Y los discípulos fueron, é hicieron como Jesus les mando.
7 Y trajeron la asna, y el pollino, y pusieron sobre ellos sus mantos; y se sentó sobre ellos.
8 Y la compañía, [que era] muy numerosa, tendia sus mantos en el camino; y otros cortaban ramos de los árboles, y los tendian por el camino.
9 Y las gentes que iban delante, y las que iban detrás, aclamaban diciendo: Hosanna al Hijo de David; bendito el que viene en el nombre del Señor: Hosanna en las alturas.
10 Y entrando él en Jerusalem, toda la ciudad se alborotó, diciendo: ¿Quién es este?
11 Y las gentes decian: Este es Jesus el profeta, de Nazaret de Galiléa.
12 Y entró Jesus en el templo de Dios, echó fuera todos los que vendian y compraban en el templo, y trastornó las mesas de los cambiadores, y las sillas de los que vendian palomas;
13 Y les dice: Escrito esta: Mi casa, casa de oracion será llamada; mas vosotros cueva de ladrones la habeis hecho.
14 Entónces vinieron á él ciegos y cojos en el templo, y los sanó.
15 Mas los príncipes de los sacerdotes y los escribas, viendo las maravillas que hacia, y los muchachos aclamando en el templo, y diciendo: ¡Hosanna al Hijo de David! se indignaron,
16 Y le dijeron: ¿Oyes lo que estos dicen? Y Jesus les dice: Sí ¿nunca leisteis: De la boca de los niños, y de los que maman perfeccionaste la alabanza?
17 Y dejándolos, se salió fuera de la ciudad á Bethania; y posó allí.
18 Y por la mañana volviendo á la ciudad, tuvo hambre.
19 Y viendo una higuera cerca del camino, vino á ella, y no halló nada en ella, sino hojas solamente; y le dijo: Nunca más para siempre nazca de tí fruto. Y luego se seco la higuera.
20 Y viendo [esto] los discípulos, maravillados decian: ¡Cómo se secó luego la higuera!
21 Y respondiendo Jesus, les dijo: De cierto os digo, que si tuviereis fé, y no dudareis, no solo haréis esto de la higuera, mas si á este monte dijereis: Quítate, y échate en la mar; será hecho.
22 Y todo lo que pidiereis en oracion, creyendo, [lo] recibiréis.
23 Y como vino al templo, llegaron á él, cuando estaba enseñando, los príncipes de los sacerdotes, y los ancianos del pueblo, diciendo: ¿Con qué autoridad haces esto? y ¿quién te dió esta autoridad?
24 Y respondiendo Jesus, les dijo: Yo tambien os preguntaré una palabra, la cual si me dijereis, tambien yo os diré con qué autoridad hago esto.
25 El bautismo de Juan ¿de dónde era? ¿del cielo, ó de los hombres? Ellos entónces pensaron entre sí, diciendo: Si dijéremos: Del cielo; nos dirá: ¿Por qué pues no le creísteis?
26 Y si dijéremos: De los hombres; tememos al pueblo; porque todos tienen á Juan por profeta.
27 Y respondiendo á Jesus dijeron: No sabemos. Y él tambien les dijo: Ni yo os digo con que autoridad hago esto.
28 Mas ¿qué os parece? Un hombre tenia dos hijos, y llegando al primero, le dijo: Hijo, ve hoy á trabajar en mi viña.
29 Y respondiendo él, dijo: No quiero, Mas despues arrepentido, fué.
30 Y llegando al otro, [le] dijo de la misma manera: y respondiendo él, dijo: Yo señor, [voy.] Y no fué.
31 ¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre? Dicen ellos: El primero. Díceles Jesus: De cierto os digo, que los publicanos y las rameras os van delante al reino de Dios;
32 Porque vino á vosotros Juan en camino de justicia, y no le creisteis; y los publicanos y las rameras le creyeron: y vosotros viendo [esto,] no os arrepentísteis despues para creerle.
33 Oid otra parábola: Fué un hombre, padre de familia, el cual plantó una viña, y la cercó de vallado, y cavó en ella un lagar; y edificó una torre, y la dió á renta á labradores, y se partió léjos.
34 Y cuando se acercó el tiempo de los frutos, envió sus siervos á los labradores, para que recibiesen sus frutos.
35 Mas los labradores, tomando los siervos, al uno hirieron, y al otro mataron, y al otro apedrearon.
36 Envió de nuevo otros siervos, mas que los primeros, é hicieron con ellos de la misma manera.
37 Y á la postre les envió su hijo, diciendo: Tendrán respeto á mi hijo.
38 Mas los labradores, viendo al hijo dijeron entre sí: Este es el heredero, venid, matémosle, y tomemos su heredad.
39 Y tomado, le echaron fuera de la viña, y le mataron.
40 Pues cuando viniere el señor de la viña, ¿qué hará á aquellos labradores?
41 Dícenle: A los malos destruirá miserablemente, y su viña dará á renta á otros labradores, que le paguen el fruto á sus tiempos.
42 Díceles Jesus: ¿Nunca leisteis en las escrituras: La piedra que desecharon los que edificaban, esta fué hecha por cabeza de esquina: por el Señor es hecho esto, y es cosa maravillosa en nuestros ojos?
43 Por tanto os digo, que el reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado á gente que haga los frutos de él.
44 Y el que cayere sobre esta piedra, será quebrantado; y sobre quien ella cayere, le desmenuzará.
45 Y oyendo los príncipes de los sacerdotes y los Fariséos sus parábolas, entendieron que hablaba de ellos.
46 Y buscando como echarle mano, temieron al pueblo; porque le tenian por profeta.
1 Y RESPONDIENDO Jesus, les volvió á hablar en parábolas, diciendo:
2 El reino de los cielos es semejante á un hombre rey, que hizo bodas á su hijo:
3 Y envió sus siervos para que llamasen los llamados á las bodas; mas no quisieron venir.
4 Volvió á enviar otros siervos, diciendo: Decid á los llamados: Hé aquí, mi comida he aparejado; mis toros, y animales engordados [son] muertos, y todo [está] prevenido: venid á las bodas.
5 Mas ellos no se cuidaron, y se fueron; uno á su labranza, y otro á sus negocios;
6 Y otros, tomando sus siervos, [los] afrentaron, y [los] mataron.
7 Y el rey, oyendo [esto,] se enojó; y enviando sus ejércitos, destruyó á aquellos homicidas, y puso fuego á su ciudad.
8 Entónces dice á sus siervos: las bodas á la verdad están aparejadas; mas los que eran llamados no eran dignos.
9 Id pues á las salidas de los caminos, y llamad á las bodas á cuantos hallareis.
10 Y saliendo los siervos por los caminos, juntaron á todos los que hallaron, juntamente malos y buenos; y las bodas fueron llenas de convidados.
11 Y entró el rey para ver los convidados, y vió allí un hombre no vestido de boda.
12 Y le dijo: Amigo, ¿cómo entraste acá no teniendo vestido de boda? Mas él cerró la boca.
13 Entónces el rey dijo á los que servian: Atado de piés y de manos tomadle y echadle en las tinieblas de afuera; ahí será el lloro, y el crujir de dientes.
14 Porque muchos son llamados, y pocos escogidos.
15 Entónces idos los Fariséos, consultaron como le tomarian en [alguna] palabra.
16 Y envian á él los discípulos de ellos con los Herodianos, diciendo: Maestro, sabemos que eres amador de verdad, y [que] enseñas con verdad el camino de Dios, y [que] no te curas de nadie, por que no tienes acepcion de persona de hombres.
17 Dínos pues, ¿qué te parece? ¿es lícito dar tributo á César, ó no?
18 Mas Jesus, entendida la malicia de ellos, [les] dice: ¿Por qué me tentais, hipócritas?
19 Mostradme la moneda del tributo. Y ellos le presentaron un denario.
20 Entónces les dice: ¿Cuya [es] esta figura, y lo que está encima escrito?
21 Dícenle: De César. Y díceles: Pagad, pues, á César lo [que es] de César, y á Dios lo [que es] de Dios.
22 Y oyendo [esto] se maravillaron, y dejándole se fueron.
23 Aquel dia llegaron á él los Saducéos, que dicen no haber resurreccion, y le preguntaron,
24 Diciendo: Maestro, Moisés dijo: Si alguno muriere sin hijos, su hermano se casará con su mujer, y despertará simiente á su hermano.
25 Fueron pues entre nosotros siete hermanos: y el primero tomó mujer, y murió; y no teniendo generacion, dejó su mujer á su hermano.
26 De la misma manera tambien el segundo, y el tercero, hasta los siete.
27 Y despues de todos murió tambien la mujer.
28 En la resurreccion, pues, ¿de cuál de los siete sera ella mujer? porque todos la tuvieron.
29 Entónces, respondiendo Jesus, les dijo: Errais, ignorando las escrituras, y la potencia de Dios.
30 Porque en la resurreccion, ni los hombres tomarán mujeres, ni las mujeres maridos; mas son como los ángeles de Dios en el cielo.
31 Y de la resurreccion de los muertos, ¿no habeis leido lo que os es dicho por Dios, que dice:
32 Yo soy el Dios de Abraham, y el Dios de Isaac, y el Dios de Jacob? Dios no es Dios de muertos, sino de vivos.
33 Y oyendo [esto] las gentes, estaban atónitas de su doctrina.
34 Entónces los Fariséos, oyendo que habia cerrado la boca á los Saducéos, se juntaron á una;
35 Y preguntó uno de ellos, intérprete de la ley, tentándole, y diciendo:
36 Maestro, ¿cuál [es] el mandamiento grande en la ley?
37 Y Jesus le dijo: Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazon, y de toda tu alma, y de toda tu mente.
38 Este es el primero y el grande mandamiento.
39 Y el segundo [es] semejante á este: Amarás á tu prójimo como á tí mismo.
40 De estos dos mandamientos depende toda la ley, y los profetas.
41 Y estando juntos los Fariséos, Jesus les preguntó,
42 Diciendo: ¿Qué os parece del Cristo? ¿de quién es Hijo? Dícenle: De David.
43 El les dice: ¿Pues cómo David en Espíritu le llama Señor, diciendo:
44 Dijo el Señor á mi Señor: Siéntate á mi diestra, entretanto que pongo tus enemigos por estrado de tus piés?
45 Pues si David le llama Señor, ¿cómo es su Hijo?
46 Y nadie le podia responder palabra; ni osó alguno desde aquel dia preguntarle más.
1 ENTÓNCES habló Jesus á las gentes, y á sus discípulos,
2 Diciendo: Sobre la cátedra de Moisés se sentaron los escribas y los Fariséos;
3 Así que todo lo que os dijeren que guardais, guardad[lo] y haced[lo;] mas no hagais conforme á sus obras: porque dicen y no hacen.
4 Porque atan cargas pesadas, y difíciles de llevar, y [las] ponen sobre los hombros de los hombres; mas ni aun con su dedo las quieren mover.
5 Antes todas sus obras hacen para ser mirados de los hombres: porque ensanchan sus filacterias, y extienden los flecos de sus mantos;
6 Y aman los primeros asientos en las cenas, y las primeras sillas en las sinagogas;
7 Y las salutaciones en las plazas, y ser llamados de los hombres: Rabí, Rabí.
8 Mas vosotros, no querais ser llamados Rabí; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo, y todos vosotros sois hermanos.
9 Y vuestro padre no llameis [á nadie] en la tierra; porque uno es vuestro Padre, el cual [está] en los cielos.
10 Ni seais llamados maestros: porque uno es vuestro Maestro, el Cristo.
11 El que es el mayor de vosotros, sea vuestro siervo.
12 Porque el que se ensalzare, será humillado; y el que se humillare, será ensalzado.
13 Mas ¡ay de vosotros, escribas y Fariséos, hipócritas! porque cerrais el reino de los cielos delante de los hombres; que ni vosotros entrais, ni á los que están entrando dejais entrar
14 ¡Ay de vosotros, escribas y Fariséos hipócritas! porque comeis las casas de las viudas, y por pretexto haceis larga oracion: por esto llevaréis más grave juicio.
15 ¡Ay de vosotros, escribas y Fariséos, hipócritas! porque rodeais la mar y la tierra por hacer un prosélito; y cuando fuere hecho, le haceis hijo del infierno doble más que vosotros.
16 ¡Ay de vosotros, guias ciegos! que decís: Cualquiera que jurare por el templo, es nada; mas cualquiera que jurare por el oro del templo, deudor es.
17 Insensatos, y ciegos; porque ¿cuál es mayor, el oro, ó el templo, que santifica al oro?
18 Y: Cualquiera que jurare por el altar, es nada; mas cualquiera que jurare por el Presente que [está] sobre él, deudor es.
19 Necios y ciegos: porque, ¿cuál es mayor, el Presente, ó el altar, que santifica al Presente?
20 Pues el que jurare por el altar, jura por él, y por todo lo que [está] sobre él.
21 Y el que jurare por el templo, jura por él, y por Aquel que habita en él.
22 Y el que jurare por el cielo, jura por el trono de Dios, y por Aquel que está sentado sobre él.
23 ¡Ay de vosotros, escribas y Fariséos, hipócritas! porque diezmais la menta, y el eneldo, y el comino, y dejásteis lo que es lo más grave de la ley, [es á saber,] el juicio, y la misericordia, y la fé : esto era menester hacer, y no dejar lo otro.
24 Guias ciegos, que colais el mosquito, mas tragais el camello.
25 ¡Ay de vosotros, escribas y Fariséos, hipócritas! porque limpiais lo [que está] de fuera del vaso, y del plato; mas de dentro están llenos de robo y de injusticia.
26 Fariséo ciego, limpia primero lo [que está] dentro del vaso y del plato, para que tambien lo [que está] fuera se haga limpio.
27 ¡Ay de vosotros, escribas y Fariséos, hipócritas! porque sois semejantes á sepulcros blanqueados; que de fuera, á la verdad, se muestran hermosos, mas de dentro están llenos de huesos de muertos, y de toda suciedad.
28 Así tambien vosotros, de fuera, á la verdad, os mostrais justos á los hombres, mas de dentro, llenos estais de hipocresía é iniquidad.
29 ¡Ay de vosotros, escribas y Fariséos, hipócritas! porque edificais los sepulcros de los profetas, y adornais los monumentos de los justos;
30 Y decís: Si fuéramos en los dias de nuestros padres, no hubiéramos sido sus compañeros en la sangre de los profetas:
31 Así que testimonio dais á vosotros mismos, que sois hijos de aquellos que mataron á los profetas.
32 Vosotros tambien henchid la medida de vuestros padres.
33 Serpientes, generacion de víboras ¿cómo evitaréis el juicio del infierno?
34 Por tanto hé aquí, yo envio á vosotros profetas, y sabios, y escribas; y de ellos [á unos] mataréis y crucificaréis, y [á otros] de ellos azotaréis en vuestras sinagogas, y perseguiréis de ciudad en ciudad:
35 Para que venga sobre vosotros toda la sangre justa que se ha derramado sobre la tierra, desde la sangre de Abel el justo, hasta la sangre de Zacarías, hijo de Barachías, al cual matásteis entre el templo y el altar.
36 De cierto os digo, que todo esto vendrá sobre esta generacion.
37 Jerusalem, Jerusalem, que matas á los profetas, y apedreas á los que son enviados á tí; ¡cuántas veces quise juntar tus hijos, como la gallina junta sus pollos debajo de las alas, y no quisisteis.
38 Hé aquí vuestra casa os es dejada desierta.
39 Porque os digo, que desde ahora no me veréis, hasta que digais: Bendito el que viene en el nombre del Señor.
1 Y SALIDO Jesus, íbase del templo: y se llegaron sus discípulos, para mostrarle los edificios del templo.
2 Y respondiendo él, les dijo: ¿Veis todo esto, de cierto os digo, que no será dejada aquí piedra sobre piedra, que no sea destruida.
3 Y sentándose él en el monte de las Olivas, se llegaron á él [sus] discípulos aparte, diciendo: Dínos, cuándo serán estas cosas, y qué señal [habrá] de tu venida, y del fin del mundo?
4 Y respondiendo Jesus, les dijo: Mirad que nadie os engañe.
5 Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo y á muchos engañaran.
6 Y oiréis guerras, y rumores de guerras: mirad [que] no os turbeis; porque es menester que todo [esto] acontezca; mas aun no es el fin.
7 Porque se levantará nacion contra nacion, y reino contra reino: y habrá pestilencias, y hambres, y terremotos por los lugares.
8 Y todas estas cosas, principio de dolores.
9 Entónces os entregarán para ser afligidos, y os matarán: y seréis aborrecidos de todas las gentes por causa de mi nombre.
10 Y muchos entónces serán escandalizados; y se entregarán unos á otros, y unos á otros se aborrecerán.
11 Y muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán á muchos.
12 Y por haberse multiplicado la maldad, la caridad de muchos se resfriará.
13 Mas el que perseverare hasta el fin, este será salvo.
14 Y será predicado este Evangelio del reino en todo el mundo, por testimonio á todos los Gentiles; y entónces vendrá el fin.
15 Por tanto cuando viereis la abominacion del asolamiento, que fué dicha por Daniel profeta, que estará en el lugar santo, (el que lee, entienda.)
16 Entónces los que [están] en Judéa, huyan á los montes;
17 Y el que sobre el terrado, no descienda á tomar algo de su casa;
18 Y el que en el campo, no vuelva atrás á tomar sus vestidos.
19 Mas ¡ay de las preñadas, y de las que crian en aquellos dias!
20 Orad pues que vuestra huida no sea en invierno, ni en Sábado.
21 Porque habrá entónces grande afliccion, cual no fué desde el principio del mundo hasta ahora, ni será.
22 Y si aquellos dias no fuesen acortados, ninguna carne seria salva: mas por causa de los escogidos, aquellos dias serán acortados.
23 Entónces si alguno os dijere: Hé aquí [está] el Cristo, ó allí; no creais.
24 Porque se levantaran falsos Cristos, y falsos profetas, y darán señales grandes y prodigios; de tal manera que engañarán, si [es] posible, aun á los escogidos.
25 Hé aquí os [lo] he dicho ántes.
26 Así que si os dijeren: Hé aquí en el desierto está; no salgais: Hé aquí en las cámaras; no creais.
27 Porque como el relámpago que sale del Oriente, y se muestra hasta el Occidente, así será tambien la venida del Hijo del hombre.
28 Porque donde quiera que estuviere el cuerpo muerto, allí se juntarán las águilas.
29 Y luego despues de la afliccion de aquellos dias, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su lumbre, y las estrellas caerán del cielo, y las virtudes de los cielos serán conmovidas.
30 Y entónces se mostrará la señal del Hijo del hombre en el cielo; y entónces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del hombre que vendrá sobre las nubes del cielo, con grande poder y gloria.
31 Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán sus escogidos de los cuatro vientos, de un cabo del cielo hasta el otro.
32 De la higuera aprended la parábola: Cuando ya su rama se enternece, y las hojas brotan, sabeis que el verano [está] cerca.
33 Así tambien vosotros, cuando viereis todas estas cosas, sabed que está cercano, á las puertas.
34 De cierto os digo, [que] no pasará esta generacion, que todas estas cosas no acontezcan.
35 El cielo y la tierra pasarán, mas mis palabras no pasarán.
36 Empero del dia y hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino mi Padre solo.
37 Mas como los dias de Noé, así será la venida del Hijo del hombre.
38 Porque como en los dias ántes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento, hasta el dia que Noé entro en el arca,
39 Y no conocieron hasta que vino el diluvio, y llevó á todos, así será tambien la venida del Hijo del hombre.
40 Entónces estarán dos en el campo; el uno será tomado, y el otro será dejado:
41 Dos mujeres moliendo á un molinillo; la una será tomada, y la otra será dejada.
42 Velad pues; porque no sabeis á que hora ha de venir vuestro Señor.
43 Esto empero sabed que si el padre de la familia supiese á cual vela el ladron habia de venir, velaria, y no dejaria minar su casa.
44 Por tanto tambien vosotros estad apercibidos; porque el Hijo del hombre ha de venir á la hora que no pensais.
45 ¿Quién pues es el siervo fiel y prudente, al cual puso su Señor sobre su familia, para que les dé alimento á tiempo?
46 Bienaventurado aquel siervo, al cual, cuando su Señor viniere, le hallare haciendo así.
47 De cierto os digo, que sobre todos sus bienes le pondrá.
48 Y si aquel siervo malo dijere en su corazon: Mi Señor se tarda en venir;
49 Y comenzare á herir [sus] consiervos, y aun á comer y á beber con los borrachos;
50 Vendrá el Señor de aquel siervo, en el dia que no espera, y á la hora que no sabe,
51 Y le cortará por medio, y pondrá su parte con los hipócritas: allí será el lloro, y el crujir de dientes.
1 ENTÓNCES el reino de los cielos sera semejante á diez vírgenes, que tomando sus lámparas, salieron á recibir al esposo.
2 Y las cinco de ellas eran prudentes y las cinco fátuas.
3 Las que [eran] fátuas, tomando sus lámparas, no tomaron consigo aceite:
4 Mas las prudentes tomaron aceite en sus vasos, [juntamente] con sus lámparas.
5 Y tardándose el esposo, cabecearon todas, y se durmieron.
6 Y á la media noche fué oido un clamor: Hé aquí, el esposo viene, salid á recibirle.
7 Entónces todas aquellas vírgenes se levantaron, y aderezaron sus lámparas.
8 Y las fátuas dijeron á las prudentes: Dadnos de vuestro aceite; porque nuestras lámparas se apagan.
9 Mas las prudentes respondieron, diciendo: Porque no nos falte á nosotras y á vosotras, id ántes á los que venden, y comprad para vosotras.
10 Y mientras^ que ellas iban á comprar, vino el esposo; y las que estaban apercibidas, entraron con él á las bodas, y se cerró la puerta.
11 Y despues vinieron tambien las otras vírgenes, diciendo: Señor, Señor, ábrenos.
12 Mas respondiendo él, dijo: De cierto os digo, [que] no os conozco.
13 Velad pues, porque no sabeis el dia ni la hora, en que el Hijo del hombre ha de venir.
14 Porque el reino de los cielos [es] como un hombre que partiéndose léjos llamó á sus siervos, y les entregó sus bienes.
15 Y á este dió cinco talentos, y al otro dos, y al otro uno; á cada uno conforme á su facultad, y luego se partió lejos.
16 Y el que habia recibido cinco talentos se fué, y granjeo con ellos, é hizo otros cinco talentos.
17 Asimismo el que [habia recibido] dos ganó tambien él otros dos.
18 Mas el que habia recibido uno, fué, y cavó en la tierra, y escondió el dinero de su señor.
19 Y despues de mucho tiempo vino el señor de aquellos siervos, é hizo cuentas con ellos.
20 Y llegando el que habla recibido cinco talentos, trajo otros cinco talentos, diciendo: Señor, cinco talentos me entregaste; hé aquí otros cinco talentos he ganado sobre ellos.
21 Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré: entra en el gozo de tu señor.
22 Y llegando tambien el que habia recibido dos talentos, dijo: Señor, dos talentos me entregaste; hé aquí otros dos talentos he ganado sobre ellos.
23 Su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré: entra en el gozo de tu señor.
24 Y llegando tambien el que habia recibido un talento, dijo: Señor, yo te conocia que eres hombre duro, que siegas donde no sembraste, y recoges donde no esparciste:
25 Y tuve miedo, y fuí, y escondí tu talento en la tierra: hé aquí tienes lo que [es] tuyo.
26 Y respondiendo su señor, le dijo: Malo y negligente siervo, sabias que siego donde no sembré, y [que] recojo donde no esparcí:
27 Por tanto te convenia dar mi dinero á los banqueros; y viniendo yo, hubiera recibido lo que [es] mio con usura.
28 Quitadle pues el talento, y dad[lo] al que tiene diez talentos.
29 Porque á cualquiera que tuviere, le será dado, y tendrá más: y al que no tuviere, aun lo que tiene le será quitado.
30 Y al siervo inútil echadle en las tinieblas de afuera: allí será el lloro, y el crujir de dientes.
31 Y cuando el Hijo del hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entónces se sentará sobre el trono de su gloria.
32 Y serán reunidas delante de él todas las gentes: y los apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos:
33 Y pondrá las ovejas á su derecha, y los cabritos á la izquierda.
34 Entónces el Rey dirá á los que [estarán] á su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundacion del mundo.
35 Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fuí huésped, y me recogisteis;
36 Desnudo, y me cubristeis; enfermo y me visitasteis: estuve en la cárcel, y vinisteis á mí.
37 Entónces los justos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y [te] sustentamos? ¿ó sediento, y [te] dimos de beber?
38 ¿Y cuándo te vimos huésped, y [te] recogimos? ¿ó desnudo, y [te] cubrimos?
39 ¿O cuándo te vimos enfermo, ó en la cárcel, y vinimos á tí?
40 Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo, [que] en cuanto [lo] hicisteis á uno de estos mis hermanos pequeñitos, á mí [lo] hicisteis.
41 Entónces dirá tambien á los que [estarán] á la izquierda: Apartáos de mí malditos, al fuego eterno preparado para el diablo, y para sus ángeles.
42 Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber;
43 Fuí huésped, y no me recogisteis; desnudo, y no me cubrísteis; enfermo, y en la cárcel, y no me visitásteis.
44 Entónces ellos tambien le responderán, diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, ó sediento, ó huésped, ó desnudo, ó enfermo, ó en la cárcel, y no te servimos?
45 Entónces les responderá, diciendo: De cierto os digo, [que] en cuanto no [lo] hicisteis á uno de estos pequeñitos, ni á mí [lo] hicisteis.
46 E irán estos al tormento eterno; y los justos á la vida eterna.
1 Y ACONTECIÓ que como hubo acabado Jesus todas estas palabras, dijo á sus discípulos:
2 Sabeis que dentro de dos dias se hace la Pascua, y el Hijo del hombre es entregado para ser crucificado.
3 Entónces los príncipes de los sacerdotes, y los escribas, y los ancianos del pueblo se juntaron al patio del pontífice, el cual se llamaba Caifás.
4 Y tuvieron consejo para prender por engaño á Jesus, y matar[le.]
5 Y decian: No en el dia de la fiesta, porque no se haga alboroto en el pueblo.
6 Y estando Jesus en Bethania, en casa de Simon el leproso,
7 Vino á él una mujer, teniendo un vaso de alabastro de ungüento de gran precio, y lo derramó sobre la cabeza de él estando sentado á la mesa:
8 Lo cual viendo sus discípulos, se enojaron, diciendo: ¿Por que se pierde esto?
9 Porque esto se podia vender por gran precio, y darse á los pobres.
10 Y entendiéndo[lo] Jesus, les dijo: ¿Por qué dais pena á esta mujer, pues ha hecho conmigo buena obra.
11 Porque siempre tendréis pobres con vosotros; mas á mí no siempre me tendréis.
12 Porque echando este ungüento sobre mi cuerpo, para sepultarme [lo] ha hecho.
13 De cierto os digo, [que] donde quiera que este Evangelio fuere predicado en todo el mundo, tambien será dicho para memoria de ella lo que esta ha hecho.
14 Entónces uno de los doce, que se llamaba Judas Iscariote, fué á los príncipes de los sacerdotes,
15 Y les dijo: ¿Que me quereis dar, y yo os le entregaré? Y ellos le señalaron treinta [piezas] de plata.
16 Y desde entónces buscaba oportunidad para entregarle.
17 Y el primer dia [de la fiesta] de los [panes] sin levadura, vinieron los discípulos á Jesus, diciéndole: ¿Dónde quieres que aderecemos para tí para comer la Pascua?
18 Y el dijo: Id á la ciudad á cierto hombre, y decidle: El Maestro dice: Mi tiempo esta cerca; en tu casa haré la Pascua con mis discípulos.
19 Y los discípulos hicieron como Jesus les mandó, y aderezaron la Pascua.
20 Y como fué la tarde del dia, se sentó á la mesa con los doce.
21 Y comiendo ellos, dijo: De cierto os digo que uno de vosotros me ha de entregar.
22 Y entristecidos ellos en gran manera, comenzó cada uno de ellos á decirle: ¿Soy yo, Señor?
23 Entónces el respondiendo, dijo: El que mete la mano conmigo en el plato, ese me ha de entregar.
24 A la verdad el Hijo del hombre va como está escrito de él; mas ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del hombre es entregado! bueno le fuera al tal hombre no haber nacido.
25 Entónces respondiendo Júdas, que le entregaba, dijo: ¿Soy yo, Maestro? Dícele: Tú [lo] has dicho.
26 Y comiendo ellos, tomó Jesus el pan, y bendijo, y [lo] partió, y dió á sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo.
27 Y tomando el vaso, y hechas gracias se les dió, diciendo: Bebed de él todos;
28 Porque esto es mi sangre del Nuevo Pacto, la cual es derramada por muchos para remision de los pecados.
29 Y os digo, que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta aquel dia, cuando lo tengo de beber nuevo con vosotros en el reino de mi Padre.
30 Y habiendo cantado el himno, salieron al monte de las Olivas.
31 Entónces Jesus les dice: Todos vosotros seréis escandalizados en mí esta noche; porque escrito está: Heriré al Pastor, y las ovejas de la manada serán dispersas.
32 Mas despues que haya resucitado, iré delante de vosotros á Galiléa.
33 Y respondiendo Pedro, le dijo: Aunque todos sean escandalizados en tí, yo nunca seré escandalizado.
34 Jesus le dice: De cierto te digo que esta noche, ántes que el gallo cante, me negarás tres veces.
35 Dícele Pedro: Aunque me sea menester morir contigo, no te negaré. Y todos los discípulos dijeron lo mismo.
36 Entónces llegó Jesus con ellos á la aldéa, que se llama Getsemaní, y dice á sus discípulos: Sentáos aquí, hasta que vaya allí, y ore.
37 Y tomando á Pedro, y á los dos hijos de Zebedéo, comenzó á entristecerse, y á angustiarse en gran manera.
38 Entónces Jesus les dice: Mi alma está muy triste hasta la muerte; quedáos aquí, y velad conmigo.
39 Y yéndose un poco más adelante se postró sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mio, si es posible pase de mí este vaso; empero no como yo quiero, sino como tú.
40 Y vino á sus discípulos y los halló durmiendo; y dijo á Pedro: ¿Así, no habeis podido velar conmigo una hora?
41 Velad, y orad, para que no entreis en tentacion: el espíritu á la verdad [está] presto, mas la carne enferma.
42 Otra vez fué, segunda vez, y oró diciendo: Padre mio, si no puede este vaso pasar de mí sin que yo lo beba, hágase tu voluntad.
43 Y vino, y los halló otra vez durmiendo: porque los ojos de ellos estaban agravados.
44 Y dejándolos, fuese de nuevo, y oró tercera vez, diciendo las mismas palabras.
45 Entónces vino á sus discípulos, y díceles: Dormid ya, y descansad; hé aquí ha llegado la hora, y el Hijo del hombre es entregado en manos de pecadores.
46 Levantáos, vamos: hé aquí ha llegado el que me ha entregado.
47 Y hablando aun él, hé aquí Júdas, uno de los doce, vino, y con él mucha gente con espadas y con palos, de parte de los príncipes de los sacerdotes, y de los ancianos del pueblo.
48 Y el que le entregaba les habia dado señal, diciendo: Al que yo besare, aquel es; prendedle.
49 Y luego que llegó á Jesus, dijo: Salve, Maestro. Y le besó,
50 Y Jesus le dijo: Amigo, ¿á que vienes? Entónces llegaron, y echaron mano á Jesus, y le prendieron.
51 Y hé aquí uno de los que [estaban] con Jesus, extendiendo la mano, sacó su espada, é hiriendo á un siervo del pontífice, le quitó la oreja.
52 Entónces Jesus le dice: Vuelve tu espada á su lugar; porque todos los que tomaren espada, á espada perecerán.
53 ¿Acaso piensas que no puedo ahora orar á mi Padre, y él me daria mas de doce legiones de ángeles,
54 ¿Cómo pues se cumplirian las escrituras, [de] que así conviene que sea hecho?
55 En aquella hora dijo Jesus á las gentes: Como á ladron habeis salido con espadas y con palos á prenderme: cada dia me sentaba con vosotros enseñando en el templo, y no me prendisteis.
56 Mas todo esto se hace, para que se cumplan las escrituras de los profetas. Entónces todos los discípulos huyeron dejándole.
57 Y ellos, prendido Jesus, le llevaron á Caifás pontífice, donde los escribas y los ancianos estaban juntos.
58 Mas Pedro le seguia de léjos hasta el patio del pontífice; y entrado dentro, estábase sentado con los criados para ver el fin.
59 Y los príncipes de los sacerdotes, y los ancianos, y todo el consejo, buscaban [algun] falso testimonio contra Jesus para entregarle á la muerte:
60 Y no [lo] hallaron, aunque muchos testigos falsos se llegaban: mas á la postre vinieron dos testigos falsos,
61 Que dijeron: Este dijo: Puedo derribar el templo de Dios, y en tres dias reedificarlo.
62 Y levantándose el pontífice, le dijo: ¿No respondes nada? ¿qué testifican estos contra tí?
63 Mas Jesus callaba. Respondiendo el pontífice, le dijo: Te conjuro por el Dios viviente, que nos digas si eres tú el Cristo, Hijo de Dios.
64 Jesus le dice: Tú [lo] has dicho: y aun os digo, que desde ahora habeis de ver al Hijo del hombre sentado á la diestra de la potencia de Dios, y que viene en las nubes del cielo.
65 Entónces el pontífice rasgó sus vestidos, diciendo: Blasfemado ha: ¿Qué más necesidad tenemos de testigos? Hé aquí ahora habeis oido su blasfemia.
66 ¿Qué os parece? Y respondiendo ellos dijeron: Culpado es de muerte.
67 Entónces le escupieron en el rostro, y le dieron de bofetadas; y otros le herian con mojicones,
68 Diciendo: Profetízanos tú, Cristo quién es el que te ha herido.
69 Y Pedro estaba sentado fuera en el patio: y se llegó á él una criada, diciendo: Y tú con Jesus el Galileo estabas.
70 Mas él negó delante de todos, diciendo: No sé lo que dices.
71 Y saliendo él á la puerta le vió otra, y dijo á los que [estaban] allí: Tambien este estaba con Jesus Nazareno.
72 Y negó otra vez con juramento: No conozco al hombre.
73 Y un poco despues llegaron los que estaban [por allí,] y dijeron á Pedro: Verdaderamente tambien tú eres de ellos; porque aun tu habla te hace manifiesto.
74 Entónces comenzó á hacer imprecaciones, y á jurar, [diciendo:] No conozco al hombre. Y el gallo cantó luego.
75 Y se acordó Pedro de las palabras de Jesus, que le dijo: Antes que cante el gallo, me negarás tres veces. Y saliéndose fuera, lloró amargamente.
1 Y VENIDA la mañana, entraron en consejo todos los príncipes de los sacerdotes, y los ancianos del pueblo, contra Jesus, para entregarle á muerte.
2 Y le llevaron atado, y le entregaron á Poncio Pilato presidente.
3 Entónces Júdas, el que le habia entregado, viendo que era condenado, volvió arrepentido las treinta [piezas] de plata á los príncipes de los sacerdotes, y á los ancianos,
4 Diciendo: Yo he pecado entregando la sangre inocente. Mas ellos dijeron: ¿Qué [se nos da] á nosotros? viéras[lo] tú.
5 Y arrojando [las piezas] de plata en el templo, partióse; y fué, y se ahorcó.
6 Y los príncipes de los sacerdotes tomando [las piezas] de plata, dijeron. No es lícito echarlas en el tesoro de los dones, porque es precio de sangre.
7 Mas habido consejo, compraron con ellas el campo del alfarero, por sepultura para los extranjeros:
8 Por lo cual fué llamado aquel campo, Campo de sangre, hasta el dia de hoy.
9 Entónces se cumplió lo que fué dicho por el profeta Jeremías, que dijo: Y tomaron las treinta [piezas] de plata precio del apreciado, que fué apreciado por los hijos de Israel;
10 Y las dieron para [comprar] el campo del alfarero, como me ordenó el Señor.
11 Y Jesus estuvo delante del presidente; y el presidente le preguntó, diciendo: ¿Eres tú el Rey de los Judíos? Y Jesus le dijo: Tu [lo] dices.
12 Y siendo acusado por los príncipes de los sacerdotes, y por los ancianos, nada respondió.
13 Pilato entónces le dice: ¿No oyes cuántas cosas testifican contra tí?
14 Y no le respondió ni una palabra; de tal manera que el presidente se maravillaba mucho.
15 Y en el dia de la fiesta acostumbraba el presidente soltar al pueblo un preso, cual quisiesen.
16 Y tenian entónces un preso famoso, que se llamaba Barrabás.
17 Y juntos ellos, les dijo Pilato: ¿Cuál quereis que os suelte? ¿á Barrabás, ó á Jesus, que se dice el Cristo?
18 Porque sabia que por envidia le habian entregado.
19 Y estando él sentado en el tribunal, su mujer envió á él, diciendo: No tengas que ver con aquel justo; porque hoy he padecido muchas cosas en sueños por causa de él.
20 Mas los príncipes de los sacerdotes, y los ancianos, persuadieron al pueblo que pidiese á Barrabás, y á Jesus matase.
21 Y respondiendo el presidente les dijo: ¿Cuál de los dos quereis que os suelte? Y ellos dijeron: A Barrabás.
22 Pilato les dijo: ¿Qué pues haré de Jesus que se dice el Cristo? Dícenle todos: Sea crucificado.
23 Y el presidente [les] dijo: Pues ¿qué mal ha hecho? Mas ellos gritaban más diciendo: Sea crucificado.
24 Y viendo Pilato que nada adelantaba, ántes se hacia más alboroto, tomando agua se lavó las manos delante del pueblo, diciendo: Inocente soy yo de la sangre de este justo: veréis[lo] vosotros.
25 Y respondiendo todo el pueblo, dijo: Su sangre [sea] sobre nosotros, y sobre nuestros hijos.
26 Entónces les soltó á Barrabás: y habiendo azotado á Jesus, le entregó para ser crucificado.
27 Entónces los soldados del presidente llevaron á Jesus al pretorio, y juntaron á él toda la cuadrilla;
28 Y desnudándole, le echaron encima un manto de grana:
29 Y pusieron sobre su cabeza una corona tejida de espinas, y una caña en su mano derecha; é hincando la rodilla delante de él, le burlaban, diciendo: Salve, Rey de los Judíos.
30 Y escupiendo en él tomaron la caña, y le herian en la cabeza.
31 Y despues que le hubieron escarnecido, le desnudaron el manto, y le vistieron de sus vestidos, y le llevaron para crucificar[le.]
32 Y saliendo hallaron á un Cirenéo, que se llamaba Simon: á este cargaron para que llevase su cruz.
33 Y como llegaron al lugar que se llama Gólgotha, que es dicho, El lugar de la Calavera,
34 Le dieron á beber vinagre mezclado con hiel; y gustando no quiso beber[lo.]
35 Y despues que le hubieron crucificado, repartieron sus vestidos, echando suertes: para que se cumpliese lo que fué dicho por el profeta: Se repartieron mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes.
36 Y sentados, le guardaban allí.
37 Y pusieron sobre su cabeza su causa escrita: ESTE ES JESUS, EL REY DE LOS JUDÍOS.
38 Entónces crucificaron con él dos ladrones; uno á la derecha, y otro á la izquierda.
39 Y los que pasaban, le decian injurias, meneando sus cabezas,
40 Y diciendo: Tú el que derribas el templo [de Dios,] y en tres dias [lo] reedificas, sálvate á tí mismo: si eres Hijo de Dios, desciende de la cruz.
41 De esta manera tambien los príncipes de los sacerdotes escarneciendo, con los escribas, y los Fariséos, y los ancianos, decian:
42 A otros salvó, á sí mismo no puede salvar: si es el Rey de Israel, descienda ahora de la cruz, y creeremos en él.
43 Confió en Dios; líbrele ahora si le quiere: porque ha dicho: Soy Hijo de Dios.
44 Lo mismo tambien le zaherian los ladrones que estaban crucificados con él.
45 Y desde la hora de sexta fueron tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora de nona.
46 Y cerca de la hora de nona, Jesus exclamó con grande voz, diciendo: Eli, Eli, ¿lama sabachthani? Esto es: Dios mio, Dios mio, ¿por qué me has desamparado?
47 Y algunos de los que estaban allí, oyéndo[lo,] decian: A Elías llama este.
48 Y luego, corriendo uno de ellos, tomo una esponja, y [la] hinchió de vinagre, y poniéndo[la] en una caña, dábale de beber.
49 Y los otros decian: Deja, veamos si viene Elías á librarle.
50 Mas Jesus habiendo otra vez exclamado con grande voz, dió el espíritu.
51 Y hé aquí el velo del templo se rompió en dos, de alto á bajo; y la tierra tembló, y las piedras se hendieron;
52 Y abriéronse los sepulcros: y muchos cuerpos de santos, que habian dormido, se levantaron,
53 Y salidos de los sepulcros despues de su resurreccion, vinieron á la santa ciudad, y aparecieron á muchos.
54 Y el centurion y los que estaban con él guardando á Jesus, visto el terremoto, y las cosas que habian sido hechas, temieron en gran manera, diciendo: Verdaderamente Hijo de Dios era este.
55 Y estaban allí muchas mujeres mirando de lejos, las cuales habian seguido de Galiléa á Jesus, sirviéndole;
56 Entre las cuales estaban María Magdalena, y María la madre de Jacobo y de José, y la madre de los hijos de Zebedéo.
57 Y como fué la tarde del dia, vino un hombre rico de Arimatéa, llamado José, el cual tambien habia sido discípulo de Jesus.
58 Este llegó á Pilato, y pidió el cuerpo de Jesus: entónces Pilato mando que se [le] diese el cuerpo.
59 Y tomando José el cuerpo, le envolvió en una sábana limpia,
60 Y lo puso en su sepulcro nuevo, que habia labrado en la peña: y revuelta una grande piedra á la puerta del sepulcro, se fué.
61 Y estaban allí María Magdalena, y la otra María, sentadas delante del sepulcro.
62 Y el siguiente dia, que es despues de la preparacion, se juntaron los príncipes de los sacerdotes y los Fariséos á Pilato,
63 Diciendo: Señor, nos acordamos que aquel engañador dijo, viviendo aun: Despues de tres dias resucitaré.
64 Manda, pues, que se asegure el sepulcro hasta el dia tercero; porque no vengan sus discípulos de noche, y le hurten, y digan al pueblo: Resucitó de los muertos. Y será el postrer error peor que el primero.
65 Y Pilato les dijo: Teneis una guardia; id, asegurad[le] como sabeis.
66 Y yendo ellos, aseguraron el sepulcro, sellando la piedra, con la guardia.
1 Y LA víspera de Sábado, que amanece para el primer dia de la semana, vino María Magdalena, y la otra María, á ver el sepulcro.
2 Y hé aquí, fué hecho un gran terremoto: porque el ángel del Señor descendiendo del cielo y llegando, habia revuelto la piedra [del sepulcro,] y estaba sentado sobre ella.
3 Y su aspecto era como un relámpago. y su vestido blanco como la nieve.
4 Y de miedo de él los guardas se asombraron, y fueron vueltos como muertos.
5 Y respondiendo el ángel, dijo á las mujeres: No temais vosotras; porque yo sé que buscais á Jesus, que fué crucificado.
6 No está aquí, porque ha resucitado como dijo: venid, ved el lugar donde fué puesto el Señor.
7 E id presto, decid á sus discípulos que ha resucitado de los muertos: y hé aquí va delante de vosotros á Galiléa; allí le veréis; hé aquí os [lo] he dicho.
8 Entónces ellas saliendo del sepulcro con temor y gran gozo, fueron corriendo á dar las nuevas á sus discípulos. Y mientras iban á dar las nuevas á sus discípulos,
9 Hé aquí Jesus les sale al encuentro diciendo: Salve. Y ellas se llegaron, y abrazaron sus piés, y le adoraron.
10 Entónces Jesus les dice: No temais; id, dad las nuevas á mis hermanos, para que vayan á Galiléa, y allá me verán.
11 Y yendo ellas, hé aquí unos de la guardia vinieron á la ciudad, y dieron aviso á los príncipes de los sacerdotes de todas las cosas que habian acontecido.
12 Y juntados con los ancianos, y habido consejo, dieron mucho dinero á los soldados,
13 Diciendo: Decid: Sus discípulos vinieron de noche, y le hurtaron, durmiendo nosotros.
14 Y si esto fuere oido del presidente nosotros le persuadirémos, y os harémos seguros.
15 Y ellos, tomado el dinero, hicieron como estaban instruidos: y este dicho fué divulgado entre los Judíos hasta el dia de hoy.
16 Mas los once discípulos se fueron á Galiléa, al monte donde Jesus les habia ordenado.
17 Y como le vieron, le adoraron: mas algunos dudaban.
18 Y llegando Jesus, les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra.
19 Por tanto id, y doctrinad á todos los Gentiles, bautizándoles en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo:
20 Enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado: y hé aquí yo estoy con vosotros todos los dias hasta el fin del mundo. Amen.